Una Pipa por Cataluña

NABIL

Una sociedad concienciada y empoderada se ha plantado. Ya está, se han ido. Importan ya poco las preguntas, las papeletas o los resultados. Todo sigue igual. Todo ha cambiado ya.

Ataco la pipa.

Es inevitable caer en comparaciones. Dos sociedades luchando por la independencia. Unos la acarician ya y otros no lo tenemos nada claro. Peor se pone la cosa si además miramos los costes humanos, sociales, económicos de cada uno de los procesos. No han tenido que pegar un solo tiro, y han puesto en jaque a todo un estado. A lo que queda del Imperio, que no es poco, por mucho que haya otros Imperios por encima. ¿Que quedan más yugos por encima de este? Seguro, pero ya de entrada es uno menos.

El mundo de la Posmodernia en la que vivimos es sin duda complejo. Estábamos acostumbrados a funcionar con los parámetros, modelos y directrices de la modernidad y de repente ya nada vale. Hay que actualizarse cada dos por tres. Pero este “Cambalache” no es nuevo, simplemente se nos muestra con toda su crudeza. Voy a servirme un vaso de Discepolín bien amargo.

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé. (…)
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.
Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor. (…)
Siglo veinte, cambalache
problemático y febril…
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil. (…)
No pienses más; sentate a un lao,
que ha nadie importa si naciste honrao…
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley…

82 años ya de esto y parece que fuera de hoy mismo. Por tanto quizá debamos quitarnos de una vez la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Todo tiene sus pros y contras y los conjuntos los hacen las personas en cada momento. Es jodido darle la razón al Presidente del Gobierno del país que te conquista, pero es que Mariano Rajoy tiene razón, “los catalanes hacen cosas”. No han estado parados, ni lamiéndose las heridas. Puede que nuestra sociedad navarra haya necesitado de un tiempo de reflexión, de reposicionarse, de salir de un agujero negro y ver cómo afrontar un papelón tremendo que tenemos entre manos. Pero no es excusa para olvidar el pasado, no querer recordarlo, no tener una estrategia en el presente y no poder construir el futuro. Los catalanes se han preocupado muy mucho de conocer su pasado, de activarse en el presente (con mucho trabajo sí, pero lo han hecho), y hoy mismo están ya construyendo su futuro.

Tengo que volver a encender la pipa, se me ha apagado.

Decía que son sin duda unos tiempos confusos. Se mezclan los conceptos y es difícil tener una discusión constructiva hoy en día porque la gente no tiene bien asentadas las ideas para poder mantener así una conversación profunda. De esas que te llevan a cerrar bares, a llenar los ceniceros de colillas, a gritar a pleno pulmón en medio del Casco Viejo un viernes a las dos de la madrugada porque vives la discusión, la sientes. No es hablar por hablar.

Esta primera mitad del siglo XXI puede que sea el tiempo de las lealtades. O de la falta de las mismas. Una modernidad líquida que diría Zygmunt Bauman, y que él emplea para explicar el comportamiento de los mercados, su desregularización y liberalización, pero que también se extiende al ámbito privado. Las redes sociales, internet, nos han traído una revolución comunicativa sin precedentes, pero también han traído consigo una falta de responsabilidad hacia el prójimo. Una sociedad marcada por relaciones volátiles y transitorias. Esta sociedad líquida por tanto, sin una forma definida, es netamente impredecible. Lo cual nos lleva a vivir en la incertidumbre constante. Pero Bauman se limita a ofrecer un análisis de la situación. Nos corresponde a nosotros trabajar con esa base (o cualquier otra) buscar la solución a los problemas. Y no es poco lo que ofrece Bauman porque normalmente se ha partido y se sigue partiendo de presupuestos erróneos a la hora de solucionar problemas.

Uno de ellos es el pensar que per sé tenemos derechos. Podemos pensar que tenemos el Derecho Natural que nos asiste, pero lo cierto es que no tenemos más derechos que los que nos reconoce el Estado, y los que nosotras mismas por mor de nuestra voluntad ejercemos y llevamos al Estado a que nos los reconozca. Es decir, que cuando hablamos de sociedades sin Estados estamos hablando de sociedades sin derechos reconocidos, que son, a la postre, los que cuentan. De nada me sirve decir que tengo derecho a la vida o a la propiedad privada si no hay nadie que me lo garantice. Una de dos, o yo mismo me hago valedor de ese derecho imponiéndolo, o genero las estructuras jurídico administrativas necesarias para que se reconozca y se garantice ese derecho: el Estado. Y es por esto por lo que están luchando hoy los catalanes. Nadie se lo va a dar. Nadie les reconoce el derecho a tener su propio estado ni a votar en el referéndum. Es por eso que a priori no tienen derecho reconocido a hacerlo. Pero lo están construyendo. Las 13 colonias britano-americanas, los virreinatos y capitanías generales de Sudamérica, las colonias africanas, ninguno de ellos tenían derecho a tener un Estado propio. Tuvieron que luchar por ese derecho. Muchas veces es simplemente una minoría la que tiene los arrestos necesarios para llevar adelante la acción, no hace falta más. Simplemente que esa minoría sea más fuerte en comparación al resto de la sociedad. Y en este caso no sólo es más fuerte sino que son una mayoría. Son una mayoría la que se ha empoderado, la que está en las calles y la que está luchando por Ejercer sus derechos porque nadie se lo va regalar. Por los derechos se lucha y se adquieren. La sumisión va de serie.

Ya parece que la pipa se apaga y me enrollo demasiado.

Termino con un último apunte sobre las lealtades en el siglo XXI. El Estado Social como lo conocíamos se acaba. Y lo hace porque no es capaz de cumplir con lo que prometía: No defiende ni asegura a los ciudadanos frente a la superfluidad, la exclusión y el rechazo. Menos aún defiende a la ciudadanía frente a la reducción del individuo a “residuo humano” por sus infortunios e insuficiencias. Ha fallado a la hora de introducir certidumbre y seguridad en las vidas de los ciudadanos. Pero eso no significa que la idea estatal haya fracasado, sólo lo ha hecho el modelo de estado que tenía unos objetivos y no los ha cumplido. De ahí que la ciudadanía empiece a buscar nuevos modelos de Estado y llegado el caso situar su lealtad (en dónde pago yo mis impuestos y para qué) en otro Estado distinto del que forman parte ahora. O en nuestro caso queriendo recuperar una estatalidad usurpada, colocando en ella nuestra lealtad para sembrar certidumbre y seguridad a la par que flexibilidad y progreso.

Vacío la pipa, limpio el contenido, la desmonto y aseo. Queda lista para la próxima vez. Quizá lo que nos toque ahora mismo a nosotros, las navarras y navarros, sea precisamente eso. Desmontar nuestras cabezas, limpiar esos engranajes (porque piezas y aparatos para lograr nuestro estado tenemos de sobra pero olvidados) volver a montar el asunto y dar el pistoletazo  a un nuevo comienzo. Moltes gracies Catalunya.

Gaizka Basaldua, Sopelana (Uribe), Estado de Navarra

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