Somos

Los pueblos existen y nadie puede decidir, por ser un absurdo, sobre su existencia. Ninguna ni ninguno de nosotros hemos decidido ser pueblo nabarro sino que nos hemos encontrado con que somos pueblo nabarro. Si el pueblo vasco existe es porque ello responde a una realidad.

Otra cosa es que un pueblo se vaya debilitando debido al uso del monopolio de la violencia ejercido en su contra por un agente exterior con el fin de conseguir determinar su comportamiento por medio de la agresión y el terror. El riesgo de desaparición en ningún caso está sujeto a una decisión propia sino más bien a su falta de poder para resistir el embate violento de quién busca su desaparición.

Un pueblo desprovisto de poder para ejercer, deja de ser pueblo. Pasa a ser un objeto en manos de quienes le impiden desarrollarse y a ello tendremos que añadir, que en nuestro caso, todos los rasgos que nos caracterizan como pueblo corren el riesgo de quedarse diluidos debido a la concentración de otras culturas que han sido desplazadas hacia nuestro espacio territorial y que poco a poco van arrinconando a la aborigen, dentro de una planificación concienzudamente estudiada por quienes buscan nuestra desaparición y son actores y gestores de ese intento de suplantación: el imperialismo.

Sólo conservando y amplificando su poder ese pueblo puede aspirar a absorber y asimilar a culturas y civilizaciones exógenas, que no supondrían riesgo alguno de disolución dentro de ellas debido al liderazgo y autoridad que emanase de los sujetos indígenas que velarían siempre por una convivencia pacífica, justa, equilibrada, libre y sujeta a la cultura que disponen y con la cual, además de no tener ningún inconveniente, tendrían el deber, la obligación y la posibilidad de transmitírsela a quienes llegasen con la intención de establecerse en los territorios del pueblo primogénito.

Dicho de otro modo, los autóctonos deben asegurarse erigirse en Estado soberano, única manera de poder enfrentar y evitar ser victimas de cualquier atropello proveniente tanto del exterior como del interior de su territorio.

El mayor riesgo de desaparición de un pueblo es el imperialismo ejercido por potencias extranjeras, que codiciando sus tierras y todas las riquezas que encierran, se lanzan a por ellas con el fin de apoderarse de sus territorios, utilizando todos los medios delictivos habidos y por haber. Ante ello no caben vacilaciones ni actitudes cándidas sino dignidad, determinación y respuesta política para defenderse del depredador y neutralizarlo, con el fin de poder seguir siendo pueblo.

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