Se desvanece la revolución de las sonrisas y emerge la revolución de los bastones

La sonrisa como modo de respuesta al imperialismo es lo que se ha intentado transmitir desde de una clase política poco apta para tal menester, tanto aquí, en Nabarra, como en Catalunya.

Una actitud moralista, desprovista de contenido político.

Es el pacifismo mal entendido frente a un enemigo que usa los resortes de la política tal cual.

La clase política catalana manda el mensaje de que sus anhelos de libertad se vieron frenados cuando caracterizaron e interiorizaron las intenciones del bando contrario en su misión de contra-restar sus movimientos con el uso de la violencia.

¿Acaso pensaban salirse del yugo extranjero que los tienen sometidos y expoliados solamente con sonrisas y ramos de flores?

Ganar la “batalla de la opinión pública” a nivel internacional está muy bien en un primer momento pero quedarse sólo en eso te deja, como los hechos lo han demostrado, en ese estadio y poco más. Que la opinión pública sea mejor tenerla a tu favor, cierto, pero ella ni decide ni dirime la contienda.

Puede, de manera muy sucinta, crear un cierto caldo de cultivo momentáneo que repercuta levemente en las jefaturas de los Estados que componen el concierto internacional. Levemente, porque la opinión publica internacional se olvidará de Catalunya en cuanto se produzca cualquier hecho relevante en el contexto internacional que llame su atención y la dirigencia de esos Estados está totalmente al corriente de que el imperialismo es especie totalitaria y delictiva pero eso les trae sin cuidado ya que los intereses, en política, se miden a otro nivel y añadir, por si a alguien se le hubiese olvidado, que varios de esos países son precisamente agentes activos de la imposición imperialista sobre pueblos privados de libertad.

Dicho esto,  sólo nos queda constatar que esa clase política catalana que se puso al frente del procès puede que tenga buena voluntad y la mejor intencionalidad del mundo pero carece de aptitud para la política. No detectaron en ningún momento la fuerza que disponían para plantearse objetivos concretos acordes a esas fuerzas y es así como se quedaron boquiabiertos cuando presenciaron , como meros espectadores, el 1 de octubre y quedaron desbordados en los siguientes días para acabar cometiendo una auténtica tropelía política el día 10 de octubre.

Ser unos maestros en la gestión de una autonomía bajo mando del imperialismo es una cosa y ser unos políticos capacitados y resolutivos en el difícil transito hacia la libertad, es decir, unos estadistas, es otra cosa.

No queremos extendernos en caracterizar la política en sí visto que este medio digital lo ha desarrollado hasta la saciedad y sobran textos a disposición de los lectores sobre este tema para poder opinar.

Nos centraremos en comentar hechos contrastados que nos pueden dar ciertas pistas de como pueda evolucionar la lucha del pueblo catalán por la recuperación de su Estado propio.

Frente a la desconfianza de los unos en cuanto a la capacidad movilizadora del 1 de octubre, los otros se encargaron de activar más de dos millones de personas para hacerse con el control del territorio y hacer efectiva la emancipación de un pueblo.

Frente al lloriqueo de los unos ante la represión incontenida del imperialismo, los otros los expulsaron de varios puntos del territorio de manera contundente.

Frente a la renuncia vergonzosa y políticamente improcedente de los unos a declarar lo que tenía que ser declarado el 10 de octubre, los otros la implantaron el 27 de octubre.

Frente a la aceptación, gravísima desde un punto de vista político y humillante desde una perspectiva moral, de elecciones españolas el día 21-D de los unos, los otros sacan a relucir la huelga general indefinida y la resistencia continuada para dar inicio a la implementación del Estado propio.

Frente a la entrega voluntaria de los unos a los juzgados de los opresores, los otros consiguen imponer una estructura estable del gobierno en el exilio. Un gobierno, que recordamos, no se ha posicionado aún ni con los unos ni con los otros.

Frente al cambalache de listas electorales para las elecciones ilegales del 21-D de los unos, los otros anuncian de que sólo hay y habrá un gobierno legítimo pase lo que pase el 21-D y “gane” quien “gane”. Y esto lo decimos, independientemente de la conveniencia del PDeCAT para que ello sea así, visto que esos últimos, al igual que ERC o la CUP, pertenecen a los unos y no a los otros.

Siguen instalados en el autonomismo, perdiendo el tiempo en hacer cuentas y previsiones sobre resultados que bien poco importan a la República.

Los unos lo tienen muy difícil para salirse de donde los han empujado los otros.

Dar efectividad a la estatalidad propia ha pasado de ser una quimera a una necesidad imperiosa que está sostenida en base a que se dan todas las condiciones para ello y que los detentores del poder real dentro del estatalismo catalán tienen totalmente interiorizados los pasos siguientes para conseguir los logros progresivos necesarios en un plazo no tan lejano como mendazmente insinúan los unos frente a la práctica política de los otros.

Es por lo tanto necesario que esa guerra interna llegue a su término cuanto antes porque enemigos no les van a faltar en este transcendental tramo, en el cual deben alzarse los bastones y donde la dignidad de todo un pueblo debe ser recompensada por su determinación política, acierto estratégico y capacidad resolutiva. Es sólo entonces cuando volverán a dibujarse en su rostro las sonrisas que anuncien, esta vez, la libertad reconquistada.

El impresionante tejido asociativo popular que existe en Catalunya debe encontrar la forma de darle la vuelta a esta situación de perdida de la posición adquirida para volver a recuperar la plaza, es decir, el espacio que los “políticos” catalanes han cedido, sin resistencia alguna, al imperialismo.

Malo sería si nos dejásemos llevar en exclusiva por las noticias sesgadas y reducidas con las que los medios de desinformación masiva nos quieren guiar para realizar nuestros análisis. En los territorios ocupados de Catalunya se han movilizado con determinación más de dos millones de catalanes con sus estructuras de coordinación perfectamente engrasadas e independientes del formalismo reformista de los llamados partidos políticos. Son vanguardia y la movilización en todos los órdenes y aspectos concerniente la implementación del Estado emergente es una realidad política.

Que nadie se lleve a engaño, el octubre catalán llegó para quedarse.

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