Que así sea

Se produjo a finales del mes de junio una declaración de intenciones por parte del sindicato ELA, la coalición EH BILDU junto al sindicato LAB, con el propósito de emprender un giro copernicano en cuanto a dejar de seguir siendo cómplices del imperialismo y la avanzadilla autóctona de las fuerzas de ocupación, con la intención añadida de sumar a ese proyecto al otro sector colaboracionista, el PNV.

En síntesis la propuesta incluye el abandono del pactismo, el paso a actuaciones políticas, la estatalidad propia como objetivo estratégico y el desarrollo de la unilateralidad como medio específico para conseguir el fin.

Desde la resistencia nabarra, observamos estos movimientos como algo políticamente lógico desde una posición de ofensiva política frente a la ocupación. Poco creemos en las declaraciones de “buenas” intenciones aunque no seremos nosotros los que pongamos piedras en el camino si la formulación estratégica es correcta y su nivel político se corresponde a las necesidades reales de este pueblo. No haremos por lo tanto ningún a priori al constatar que todo esto proviene de una corriente históricamente pactista y colaboracionista con el imperialismo, como es el aranismo.

Además de no poner piedras en el camino, nos sumaremos de manera eficiente a todo lo que pueda significar un liderazgo en este país que conduzca la resistencia frente al invasor desde actuaciones propias y desde una centralidad propia en todos los ordenes, y cuando decimos todos, son todos.

Tampoco estamos a la espera de que el aranismo se mueva o deje de moverse. Con o sin ellos, nuestras bases ideológicas y estratégicas están lo suficientemente trabajadas a falta de su necesario desarrollo inicial y es ahí donde nuestro pueblo tiene que empujar en la dirección adecuada. Decimos nuestro pueblo, no los que se hacen pasar por sus dirigentes, por su élites, aunque lo repetimos, no es nuestra intención vetar a nadie siempre y cuando la coherencia, el rigor y la precisión política sean el eje de actuación que nos permita dar con ese liderazgo antes mencionado.

Para ello hay unos principios estratégicos que deben ser respetados en el desarrollo de los movimientos tácticos que deben encontrar su pleno sentido precisamente en la estrategia política previamente consensuada por todos lo que nos sabemos ocupados.

Partir de que actualmente somos un Estado ocupado. Como miembros de un Estado ocupado no reconocemos a otro Estado que no sea el nuestro y en consecuencia tendremos que actuar como tal, es decir: los atributos de un Estado son su pueblo, su territorio y su gobierno.

Pueblo: no pueden ser considerados como miembros de un Estado las personas que no se adhieran a él y dirijan sus esfuerzos para acabar con la ocupación de su Estado, y menos aún quienes se oponen a él y están dispuestos al enfrentamiento.

Territorio: no se puede aceptar la territorialidad como la concebida actualmente en ese reducidísimo zazpiak-bat, que no se corresponde al marco territorial del Estado al que no renunciamos. Lo que corresponde es acumular fuerzas en la dirección de nuestra estatalidad en todos los territorios que pertenecen a él. Esa debe ser nuestra labor, inhibiéndonos de complejos y saliéndonos de la lógica del ocupante que hemos hecho nuestra. La realidad territorial deja de ser un imaginario cuando la relación de fuerzas en presencia impone el marco territorial de un Estado.

Gobierno: el liderazgo, mencionado en este escrito, que corresponde a un Estado es un gobierno. Nuestro Estado, al estar actualmente ocupado por dos potencias extranjeras, se debe dotar de un gobierno, que vistas las circunstancias, debe ser provisional.

Hablamos entonces de un gobierno propio, no de un “gobierno” gobernado por otros gobiernos como actualmente acontece.

El primer cometido de ese gobierno provisional debe ser conducir la resistencia del pueblo ocupado haciendo ingobernables nuestros territorios para los que actualmente gobiernan con el fin de hacerse con el control del territorio y pasar a gobernar.

Para ello hay que deshacer todo el entuerto en el que nos han metido las potencias ocupantes con la inestimable ayuda de los aborígenes colaboradores del imperialismo.

Desobedeceremos las leyes extranjeras y aplicaremos las que emanen de nuestra Autoridad Nacional.

Nuestra jurisdicción, de entrada, dejará de tener como base el derecho romano para volver a aplicar, en los puntos mínimos a los que te obliga una situación de ocupación, el derecho que le corresponde a este pueblo y cuyo origen, no solamente es anterior, sino el original que se dio a sí mismo este pueblo: el derecho nabarro, también llamado vascón o pirenaico.

No abonaremos un sólo céntimo de euro en sufragar la extorsión colonial exigida bajo la amenaza de las armas por las potencias ocupantes, expoliadoras de las riquezas de nuestros territorios, y pagaremos los tributos necesarios a nuestra hacienda propia y provisional para revertirlos en nuestra reactivación estatal.

Pondremos de inmediato los medios necesarios, con nuestros impuestos, para hacer del euskara la lengua que vehicule todas las relaciones sociales y que su desconocimiento suponga un impedimento para cualquier persona en su día a día.

Nos abasteceremos en esta primera etapa, con el dinero salido de nuestros bolsillos, de nuestros impuestos, de todos los medios humanos y tecnológicos posibles y necesarios para asegurar una eficiente prestación en el campo de la educación, sanidad, salubridad, productividad, cultura, materia deportiva y defensa. Para ello nos apoderaremos de las infraestructuras ya existentes y las haremos nuestras.

Iniciaremos la andadura de nuestras universidades propias, con nuestro propio modelo educacional desde todos los ámbitos y edades, con el fin de revertir la situación de colonización mental a la que hemos sido sometidos en estos cuatro siglos de ocupación.

Nos opondremos a que los países ocupantes organicen elecciones extranjeras, y por lo tanto ilegales, e instalen sus urnas electorales en nuestros territorios.

Circularemos con nuestros vehículos sin placas de matriculación hasta que vayan llegando las oficiales de nuestro Estado.

Nos despojaremos de los documentos identificativos de todo tipo que provengan de los Estados extranjeros al tiempo que recibiremos nuestros documentos acreditativos sustitutivos y despachados por las autoridades provisionales de nuestro Estado.

Daremos de baja todas las instituciones coloniales sustituyéndolas por las nuestras.

Nos encargaremos de tener preparados los apoyos exteriores, conscientes de que éstos nunca serán prestados a cambio de nada, y de ese modo tener las espaldas mínimamente cubiertas para cuando la bestia imperialista saque sus garras.

En pocas palabras, haremos ingobernables nuestros territorios para los que actualmente gobiernan y de esa manera iremos extendiendo un poder propio que obligará al ocupante a tomar decisiones en contra de su voluntad, donde irá perdiendo poder y se verá abocado a retirarse de los territorios que ni le pertenecen ni donde ya pueda ejercer control alguno.

Eso es unilateralidad y no otra cosa. Todas estas medidas de emergencia se pueden poner encima de la mesa desde hoy mismo. Que ello requiera un tiempo de preparación y adaptación para ir desarrollándolas, lo entendemos. Como también entendemos, que al día de hoy, se dan las condiciones en el seno de este pueblo para pasar a la ofensiva. Lo cual no quiere decir que esas condiciones se vayan a dar de manera indefinida, y menos aún en la situación de retroceso alarmante en el que se ha sumergido este pueblo “gracias” a la labor de su actual “clase dirigente”.

Si de lo que se trata, va en la dirección de las pinceladas aquí expuestas, entonces no nos caben dudas de que nuestro presente y futuro nos van a deparar unos momentos que pasarán a la posteridad.

Si de lo que se trata es seguir como hasta ahora, viviendo de las prebendas que ofrecen las limosnas “concedidas” por el imperialismo a cambio de los servicios prestados y sonsacadas de todo lo usurpado a nuestro pueblo, aceptando los marcos institucionales, jurídicos, políticos, económicos, mediáticos, culturales, docentes y administrativos impuestos por los ocupantes y dentro de ellos prometernos encontrar la cuadratura del círculo durante los cuatro cientos años por venir… entonces, lo sentimos, pero no hablamos el mismo idioma.

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