La perdida de los puntos cardinales

Unos de los rasgos que caracteriza tanto a la especie animal como humana es su instinto de apego al territorio y su determinación de marcarlo como parte intrínseca de lo que llamamos su hábitat natural.

Parece que los vascos somos la excepción que confirma la regla. Victimas del síndrome del colonizado, los territorios en los cuales, durante siglos, desarrollamos nuestra actividad diaria, es decir, política, han dejado no solamente de ser nuestro hábitat sino que además no los reconocemos como propios y llegamos  incluso a renegar de ellos desafiando las leyes naturales más elementales.

Territorios que pertenecen al Estado de Nabarra, la única institución estatal que nos dimos los vascos y que jamás hemos renunciado a ella los que nos posicionamos en favor de la libertad de nuestro pueblo, son incluso reconocidos como parte inherente de nuestro Estado por los mismos que actualmente ocupan de manera delictiva nuestros territorios.

El argumento queda matizado por el imperialismo con la bien consabida retórica que de eso se dio hace ya mucho tiempo y todo lo sucedido en aquella época no tiene nada que ver con la actualidad. Lo terrorífico de tal argumentación es que los propios ocupados se adhieren a esa patraña y extienden, de ese modo, la alfombra roja para que el imperialismo pueda seguir delinquiendo a sus anchas.

¿Como se explica entonces la raíz del conflicto franco-español en tierras nabarras, sino por la invasión de un Estado que tenía claramente delimitada su territorialidad y que fueron precisamente esos territorios los que le fueron arrebatados a ese pueblo para pasar a ser propiedad de los Estados ocupantes?

¿Debemos hablar de Nabarra como un Estado, con todos sus territorios, como algo que fue o que es?

La respuesta, para cualquier mente mínimamente descolonizada es muy sencilla: que sepamos no se ha procedido a la desocupación de esos territorios que conforman un Estado legítimamente constituido y por lo tanto no se ha procedido a la devolución de los territorios usurpados de manera delincuencial por parte de los dos Estados ocupantes. Con lo cual el Estado de Nabarra es al día de hoy un Estado ocupado, con territorios bien definidos y sometidos éstos a la ocupación.

No sirve, por lo tanto,  el argumento que esos hechos se remontan a hace mucho tiempo, como si el delito de atacar, arrasar, ocupar y engullir a un Estado soberano se pudiese justificar en base al factor tiempo: una barbaridad.

Una argumentación, que como bien lo hemos dicho unas líneas más arriba, proviene de gentes que no se sienten ni se consideran ni francesas ni españolas y sin embargo se resisten a poner en valor, cuando no desprestigiarlo, el activo de que dispone este pueblo para poder dar un salto político cualitativo en su combate contra la ocupación.

Estas mismas gentes, de manera incomprensible, son las primeras que desprecian, se mofan y se prestan a colaborar con el imperialismo en contra de la reunificación de todos los territorios, que sin saberlo y fruto de su ignorancia inducida por siglos de colonización mental, conforman su propio Estado. No llegan a alcanzar más allá de lo que su imaginario les dicta y éste, formateado por las potencias ocupantes durante siglos, se resume a un zazpiak bat que es sólo una pequeña parte de lo que conforma la territorialidad plena del Estado al cual pertenecen y aún no lo saben.

Para muestra un botón, proveniente de una fuente que no debiera ser nada sospechosa para los defensores del zazpiak bat, visto que esa fuente proviene directamente del aranismo puro y duro y sin embargo lo que a continuación declara y pone en marcha dejará a más de uno y una boquiabiertos. Vayamos a los hechos.

En julio de 1940 se crea el Consejo Nacional de Euzkadi, fundado y presidido por Manuel  de Irujo, su ubicación se encuentra en Londres y es el intento de continuación del gobierno de Euzkadi que presidió Jose Antonio Agirrre en 1937 y que tuvo que exiliarse a los pocos meses de su nacimiento debido a la ofensiva del Estado vecino, España, que volvió a asentar la situación de ocupación que un año antes reinaba en nuestros territorios ocupados.

Manuel de Irujo hace constar que éste órgano tiene un carácter nacional y no autonómico. Determinan redactar un ante-proyecto de Constitución para el Estado vasco.

En lo referente a la territorialidad, este ante-proyecto de Constitución señala que los territorios del Estado son los que conformaron en su totalidad la Corona de Nabarra.

En su artículo 1 dice: “Euzkadi, la Nación vasca, se constituye en un Estado bajo el régimen de República Democrática.”

En su artículo 5 especifica cuales son los limites territoriales del Estado.

Artículo 5: “Sus limites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gállego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas y al Oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria).”

Hagamos pues, un alto en el camino, recopilemos y analicemos lo que nuestra historia reciente, estos últimos 1.300 años, nos está indicando como herramienta política del presente y futuro e iniciemos la fase de descolonización ideológica sin acritud, sin demagogia y con responsabilidad, responsabilidad política.

Luego, y lo intuimos, tocará el debate sobre los que pueblan actualmente esos territorios que son nuestros y si éstos, los que lo pueblan, están o no alineados con esta realidad. Es uno de los  temas que desde este digital mensual hemos abordado en profundidad y que sin duda alguna volveremos a él las veces que hagan falta.

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