La falsa unilateralidad

Es la palabra en boga que inunda todo tipo de espacios comunicativos e informativos, que ha saltado al primer plano de la actualidad a raíz de los “conflictos” irresueltos donde Estados gran dominantes e imperialistas siguen sometiendo y delinquiendo, teniendo secuestrados a Estados que en su día fueron libres y soberanos hasta la llegada de los invasores.

La dificultad que entraña expulsar de las tierras ocupadas a los ocupantes ha hecho que cada Estado ocupado obrase políticamente en condiciones totalmente adversas debido a la desproporción de fuerzas entre el sujeto atacado y quienes instalaron el estado del terror y se hicieron con el control del territorio invadido.

A ello, hay que añadirle los siguientes pasos posteriores a la brutalidad ejercida para apoderarse de esos Estados, que son de manual; del manual de la delincuencia imperialista organizada: desnaturalización de los naturales, desplazamiento masivo de colonos a los territorios ocupados a la vez que se deportan a los nativos, ataques sistemáticos a su lengua, cultura, historia, costumbres, sistema jurídico, creatividad económica y expresión política.

Con este panorama, silenciado y apoyado por toda la “comunidad internacional”, la indefensión del sujeto invadido es patente y darle la vuelta a esta situación necesitará de grandes dosis de ingeniería política, de audacia y de valentía basadas en la honestidad y la relación de fuerzas.

Existen dos planteamientos de índole supuestamente estratégicos entre los que se debaten los miembros de los actuales Estados ocupados que podríamos resumir entre los que están por la labor de encontrar una salida dentro de las estructuras de los Estados que los tienen dominados y los que propugnan que para acabar con esa situación delictiva no existe otra salida que actuar en contra del opresor, desde una auto-institucionalización del poder político organizada por la resistencia, con sus propias leyes y no dentro del sistema del opresor.

La primera de las propuestas aparenta estar condicionada por la bilateralidad, pero no llega ni a ese umbral, visto que en realidad está sujeta a la unilateralidad de quien controla el sistema y todos los resortes de poder y violencia, es decir, a la del imperialismo ocupante. Es un planteamiento infra estratégico a todas luces.

El segundo enfoque, el que apuesta por que la libertad no se consigue dentro de, sino en contra de, basa su razonamiento político en la unilateralidad que provenga del sujeto ocupado y no del ocupante.

Ese planteamiento sí es estratégico. Otra cosa es que para poder llevarlo a cabo, habrá que tener antes los deberes hechos y para ello será necesario que los componentes del primer “planteamiento” se pongan las pilas, desistan de su error estratégico y se reagrupen cuanto antes con los del segundo.

A la postre, observamos como los dos pensamientos llevan irremediablemente a la unilateralidad como foco de acción. ¿En cual de ellas nos posicionamos?

Las direcciones que dicen llevar el proceso emancipador en los territorios ocupados del Estado de Nabarra, aluden de un tiempo a aquí a la unilateralidad para poder zafarnos de los ocupantes pero pertenecen al primer grupo aquí descrito y entendiendo, o queriendo entender, que no se posicionan a favor de la unilateralidad que provenga del imperialismo, nos preguntamos entonces: ¿que hacen aún siendo parte y arte de ese sistema?

A eso se llama falsa unilateralidad si entendemos esta como la que tiene que provenir del pueblo agredido, sometido y ocupado.

No nos extenderemos en volver a intentar explicar lo que significa unilateralidad disponiendo de una reflexión muy ilustrativa sobre esta cuestión, como la expresada por Josep Perera, catalán y a todas luces perteneciente a los que se encuadran en el segundo planteamiento y que dice: “Existen dos tipos de referendos de autodeterminación, los que se ganan y los que se pierden. Los que se ganan son los que se convocan una vez ya se ha declarado la independencia, con tus propias normas y su propio censo, para ratificar una decisión que ya se ha tomado. Los que se pierden son los que se convocan sin haber declarado antes la independencia, con el control, las normas y el censo de los colonizadores. Los croatas y los eslovenos optaron por la primera y ganaron. Los quebequenses (nosotros añadiremos también a los escoceses) optaron por la segunda vía y perdieron”.

Vaya aquí una pequeña precisión: el primer ejemplo que señala Josep, es el ejercicio como tal del derecho de autodeterminación, el segundo, no se puede equiparar al término autodeterminación. El derecho de autodeterminación es ejercer la independencia, no se consulta ni se refrenda, es un derecho inherente a la condición de pueblo, que no es simplemente que le corresponda a un pueblo sino que de no ejercerlo, deja de ser pueblo.

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