La escalera

Txirrintxa

“Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro George Orwell, 1984.

Una escalera del tipo cuadrada, dependiendo del escalón y/o rellano en el que nos encontremos, proporciona diferentes perspectivas. A más altura, mejor percepción de
conjunto y por tanto mayor conocimiento. Podemos decir que estar en lo alto de la escalera nos da una visión panóptica. Desde un único punto se nos permite observar el todo en su compleja y total magnitud.
Para realizar cualquier tipo de análisis es muy importante contar con el mayor número de datos y ser lo más fiel posible a ellos, sin dejarnos llevar por anhelos o ideas preconcebidas. Debemos escudriñar la realidad pero ante todo es imprescindible conocer en que escalón estamos y en lo posible ascender los peldaños del conocimiento. Saber es poder, pero un análisis adulterado malamente nos dará una conclusión acertada. La política independentista vasco-navarra es como la escalera de Penrose, una mera ilusión óptica. Un objeto imposible. Cada uno con su verdad absoluta en la base de la escalera, sin perspectiva global y negando las otras realidades. Nos perdemos en disputas internas y discusiones de taberna. ¿A quien beneficia este tipo de rencillas y luchas intestinas?
Con este panorama lo principal es conocer o al menos vislumbrar la realidad social, política y territorial. Damos por hecho, o presuponemos conceptos, representaciones mentales, que no lo son.
Las únicas realidades territoriales son el mar y el cielo que nos circundan, junto a dos estados dueños y señores de territorios ocupados. El nombre que les demos es lo de menos -Euskal Herria, Euzkadi, Navarra-, política y administrativamente no existen, ni tan siquiera configuran
una entidad unificada.
El espectro político en los territorios ocupados, tras unos años de paroxismo político y social, está en un momento de apatía; otros dirán de reflexión y reestructuración. Durante años el victimismo generó beneficios políticos a un lado y otro de la barrera ideológica. Pero una nueva realidad política, por necesidad, genera un proceso de adaptación a la nueva situación.
Quien controle el discurso político presente, escribirá la historia y controlará el futuro. El arco político dentro del marco vasco-navarro se puede dividir en dos grandes familias, unionistas e independentistas. Con sus respectivas masas sociales. Otros prefieren la tradicional división entre izquierdas y derechas. Pero no nos engañamos, el unionismo tiene muy claras sus preferencias, por encima de ideologías su máxima es la unidad de España o Francia. Tanto es así, que no dudan en alinearse en un frente común en cuanto ven peligrar este “statu . Llegando incluso a la cooperación entre estados coloniales históricamente enfrentados.

Hablar del nacionalismo vasco o del patriotismo navarro, sin embargo, es hablar de una división endémica. Cada uno con su vía, prefiriendo la cooperación con los unionistas antes que entre ellos.
En cuanto a la parte social, sin duda la más importante, en una colonia hay colonos, colonizados y naturales. Cuanto más avanzado está el proceso de colonización menores son las diferencias entre unos y otros. En el caso de un pueblo, como el nuestro, dividido entre dos imperios los referentes culturales serán los de la metrópoli respectiva. Tampoco podemos obviar, las nuevas identidades regionales surgidas a remolque de la España de las autonomías. Contribuyendo, con todo ello, aún más en esa división interna y la subsiguiente asimilación.

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