La Atrevida Ignorancia

Gaizka Basaldua Sauto (Historiador y politólogo).
El pasado 27 de Febrero varios periódicos se hacían eco de un artículo de Jon Iñaki Odriozola titulado “Las debilidades del Pan-Navarrismo”. No sé si por falta de información o porque simplemente quería dar su versión inventada de los hechos para menospreciar a un movimientos popular, horizontal y patriota, pero son varios los errores en los que cae y recae a lo largo del artículo. Quedó en evidencia con el artículo de respuesta del Historiador Tomás Urzainqui cuyo gran trabajo inútilmente trata de menospreciar Jon Odriozola.
Sirvan estas líneas para tratar de explicar someramente la evolución que la ideología del patriotismo navarro ha tenido en las últimas décadas, y de paso responder a las acusaciones vertidas por Jon Odriozola.
Ya en 1940, Telesforo Monzón y Manuel Irujo tenían bien claro cuál era la territorialidad de nuestra sociedad conquistada. Desde el Consejo Nacional de Euzkadi se reflejó claramente: “El territorio vasco es el integrante del histórico Reino de Navarra”. Un territorio que trazaba sus fronteras más allá de las cuatro provincias españolas que defiende el “Zazpiak bat” pero que por motivos obvios (los aliados eran los que les iban a ayudar a conseguir ese territorio y Francia era uno de ellos) no incluía los territorios navarros conquistados por Francia.

La idea de la recuperación del Estado navarro no es por tanto algo que de pronto se le ocurre a Tomás Urzainqui, más al contrario. Es algo que siempre hemos tenido ahí y que Urzainqui y Juan Maria Olaizola (miembro destacado del PNV de Gipuzkoa) tuvieron a bien destapar, desempolvar y sacar a la luz. Y no han sido pocos los líderes ideológicos y políticos de este país que a lo largo de los años se han ido dando cuenta del fallo de enfoque en la lucha por la recuperación de nuestra estatalidad. Los orígenes de este movimiento por tanto son muy anteriores a 1998, otra cosa es que dictaduras y estrategias varias de por medio, se haya ocultado y se pretenda a día de hoy menospreciar. Se olvida por ejemplo el gran trabajo del recientemente fallecido Jon Oria Osés del año 1994, “Navarra es una colonia española y francesa”.
Dicho esto, cabe subrayar que si como algo puede definirse esta ideología es como Patriotismo Navarro, y nunca como “pan-navarrismo”, término que inventa Jon Odriozola para llevar el debate por derroteros que nada tienen que ver con la realidad de este movimiento. No se basa en una interpretación particular de la historia. La historia es la que es. Y si hasta ahora hemos estado recibiendo una historia manipulada y escrita por los conquistadores, bien haremos en hacer un poco de caso a todos esos historiadores y arqueólogos que han estudiado nuestra historia recientemente contra viento y marea para que abramos los ojos. Tomás Urzainqui, sí, pero también Pedro Esarte, Iñaki
Sagredo, Joseba Asirón, Aitor Pescador y Fernando Mikelarena entre otros, amén del trabajo de grupos como Martin Ttipia o  Nabarralde, los cuales nos van dejando ver cada vez más claro cuál ha sido nuestra historia, cuál ha sido el papel que hemos jugado y cuáles son las puertas que se nos abren a futuro.
Según Odriozola el patriotismo navarro defiende que “la nación vasca o Euskal Herria políticamente no es más que la continuidad del Reino medieval de Navarra”. Esto no hay patriota navarro que lo defienda. Ni hace 20 años, ni ahora. Para el patriotismo navarro Euskal Herria es el grupo étnico de los vascos, que se extiende en el tiempo y el espacio mucho más allá de los siete territorios del “Zazpiak Bat” y mucho más allá incluso del propio Estado de Navarra. Allá donde haya un euskaldun hay Euskal Herria. Los vascos de Argentina, Chile o Tombuctú son tan vascos como los de Eibar en tanto en cuanto se reconocen como parte de un mismo grupo étnico-cultural. Un mismo “Volk” si se quiere, que no entiende ni de fronteras ni de gobiernos. Pero da la casualidad de que ese Pueblo, en el siglo IX creó una realidad socio-política que se llamó Reino de Pamplona primero y Reino de Navarra después. Un mecanismo de autodefensa frente a las potencias que le rodeaban. A partir de ese momento tenemos una realidad cultural, Euskal Herria, y una realidad político-administrativa y social que es Navarra. Los vascos de Argentina son parte de Euskal Herria, sí, pero son Argentinos. Lo que dice el patriotismo navarro es que los vascos de Iruña, Bilbo o Gasteiz son parte de Euskal Herria, sí, pero navarros. Y siempre se añade: “siempre y cuando la ciudadanía así lo elija”. Desde el minuto uno en el Patriotismo Navarro todo ha estado supeditado a la voluntad democrática de la sociedad navarra.
Por tanto la cosa es bastante más complicada de lo que quiere hacer ver Jon Odriozola, que se conforma con la imagen de Euskal Herria como Estado-Nación vasco donde el imaginario nacionalista decimonónico campa a sus anchas. Ese mismo imaginario que llevó a toda Europa a dos guerras mundiales.
Navarra no es Euskal Herria y Euskal Herria no es Navarra. Si no entendemos que uno opera en la esfera de lo político y el otro en la esfera de lo identitario, y por tanto el uno en lo público y el otro en lo privado, no avanzaremos jamás hacia adelante. Si él prefiere aceptar la conquista adelante. Si prefiere dar por buena la división de nuestra tierra en provincias españolas y departamentos franceses adelante. Pero que no se tergiverse la realidad.
Navarra como estado va más allá. Estamos tan obcecados en nuestra sociedad con los clichés de los conquistadores que somos incapaces de crear nuestros propios espacios de debate y bajo nuestros propios términos. Al carajo con la territorialidad. Dice Jon Odriozola que no se sostiene Navarra como continuum territorial. ¡Por supuesto que no! Y el patriotismo navarro nunca, jamás, lo defiende como tal. Lo que se dice es qué territorios formaron parte de Navarra y tienen derecho a volver a formar parte de ella
pero sólo si sus ciudadanos así lo desean. Navarra sin fronteras impuestas ha sido uno de los lemas del Patriotismo Navarro durante años. Lo que sí es, es un continuum de derecho y de legalidad, un continuum estatal, con un corpus jurídico propio y un espacio de libertad para la sociedad.
Acusa al patriotismo navarro de no tener una base histórica sólida y es el propio Jon Odriozola el que cae en el anacronismo histórico y la doctrina del destino manifiesto, los mayores enemigos de la ciencia histórica. Dice que nunca el Reino de Navarra ha reunido en su seno única y exclusivamente los siete territorios que él llama vascos, pero que en realidad son franco-españoles. Traslada a la Edad Media planteamientos territoriales que son posteriores al año 1833, y que en el caso del nacionalismo vasco no se tuvieron como propios hasta el siglo XX. Adjetivando además a aquél estado como medieval, como si fuera una tara. Vale ya de decirle a la ciudadanía cómo tienen que ser las cosas, y más darle opciones entre las que elegir explicando los pros y los contras. No se trata de cambiar el mapa de Euskal Herria, Euskal Herria no tiene mapa. Lo que se dice “Zazpiak Bat” sólo son 4 provincias españolas y 3 territorios franceses. En un lado damos por buena una división administrativa impuesta por el conquistador y en el otro nos conformamos con una territorialidad “cultural” si se quiere llamar así. Los territorios tienen mapas, y dado que para el patriotismo navarro Euskal Herria no es un territorio sino un conjunto de personas, no puede dibujarse en un mapa.
Acusa de mezclar la óptica de los reinos medievales con el nacionalismo actual (de aspectos culturales, lingüísticos y de voluntad de ser) y de ser además torpes al hacerlo. Lo que olvida Jon Odriozola es que el patriotismo navarro reniega del nacionalismo. El nacionalismo, entendido como el conjunto de derechos reivindicados por una parte de la sociedad en su empeño por crear un estado a imagen y semejanza de lo que cree ser lo correcto, nada tiene que ver con el Patriotismo Navarro. El Patriotismo navarro no tiene que ver con la lengua, ni con la cultura ni mucho menos con la voluntad de ser. Es un tema jurídico administrativo. De decir a España y Francia de que no tienen derecho a ocupar un territorio conquistado, de decir que pertenecemos a una sociedad y un Estado que se llama Navarra, y que le asisten el derecho internacional y la justicia a la hora de luchar por la recuperación de su estatalidad. Es por tanto algo que tiene que ver con aspectos públicos, no con aspectos privados de la vida de cada uno, como son la lengua, la cultura o la voluntad de ser, en los que para nada se mete el patriotismo navarro. Empoderamiento ciudadano e independencia del Estado. “Pro libertate patria gens libera state” reza el lema de los infanzones de Obanos. “Honor a Dios y libertad a la Patria” decía la campana de Nájera.
Por tanto el Patriotismo navarro no sustituye el “Nafarroa Euskadi da” por “Euskadi Nafarroa da”. Dudo mucho que Jon Odriozola le haya oído eso a nadie, ya que el patriotismo navarro directamente obvia la división que impone la conquista. Y que explique a ver por qué es lo sensato defender la creación de un estado ex novo sobre la
base de la identidad privada en lugar de recuperar un Estado que ya fue independiente, que siguió funcionando como estado dependiente hasta la mitad del siglo XIX y que se fundamenta en la defensa de lo público, la igualdad de derechos, la libertad, la horizontalidad, la representatividad controlada, y que en su génesis tiene precisamente la defensa del pueblo vasco y el resto de minorías frente a las potencias agresoras que lo rodean.
El Patriotismo navarro no exige nada como dice Jon Odriozola, menos aún un estado vasco, pues eso es propio del nacionalismo y no del patriotismo. El patriotismo navarro ofrece y reclama. Ofrece toda una nueva cosmovisión política y reclama una estatalidad propia, que por derecho pertenece a esta sociedad.
Decir que en el Reino de Navarra eran los reyes y jauntxos los que decidían y delimitaban los límites territoriales y geográficos es una barbaridad de proporciones épicas, pues quienes aquí han decidido los límites han sido España y Francia con sus conquistas, no una patria que vertió ríos de sangre en defensa de la libertad y de la modernidad. Frente a la primacía de los aspectos culturales y lingüísticos y esa fijación que parece haber por la territorialidad, más valdría que dejáramos de soltar barbaridades y empezáramos a defender los derechos individuales y colectivos de la sociedad, cada vez más cercenados. Defender su privacidad y el derecho a usar la lengua que les dé la gana, más aún si es el euskera, pues si no es Navarra nadie más lo defenderá. Si la elección es entre un estado que “prime los aspectos culturales y lingüísticos de la nación vasca, Euskal Herria, y la voluntad democrática de los habitantes de sus siete territorios” y un Estado que prime los derechos de las personas, la libertad, la no imposición, y la voluntad democrática de todos los habitantes que quieran formar parte de ese estado y no sólo los que me diga España que valen, entonces lo tengo claro.

Yo seguiré luchando por Navarra, con la cabeza y la mirada puestas en el siglo XXI y no en el siglo XIX.

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