Inmoralidad política

Si bien la política y la moral están reñidas y son dos polos opuestos, en este caso nos referimos a inmoralidad política en tanto y en cuanto los objetivos que dicen perseguir los que se autoproclaman líderes y vanguardia de este país en su supuesto camino hacia la libertad distan mucho de lo que enuncian y sus aviesas intenciones se convierten en un engaño premeditado y una trampa mortal para el pueblo ocupado que dicen defender.

Con motivo del pistoletazo de salida hacia la escenificación y reedición del nuevo Abrazo de Bergara, o del nuevo Pacto de Santoña o del nuevo Pacto de Múnich, se reunieron el día 04 de abril de 2017 en la ciudad nabarra de Bilbo toda la plana mayor del imperialismo y sus lacayos indígenas, de cuya puesta de largo resaltaremos esta reseña que realizaron y que no tiene desperdicio:

“Desarmar la palabra, encauzar democráticamente y civilizadamente nuestras legítimas diferencias y prestigiar el diálogo y la negociación como modo de gestionar las disputas.”

“Desarmar la palabra”: pone en entredicho que las palabras sin la espada no sirven de nada, una de las máximas en política.

“…encauzar democráticamente y civilizadamente nuestras legítimas diferencias”: da a entender que los dos bandos gozan de legitimidad, el que ha tenido que padecer el asesinato de decenas de miles de los suyos desde que su Estado fue atacado e invadido en estos más de nueve siglos de asedio y destrucción y los que asesinaron a esos miles de seres humanos que cometieron el delito de querer defenderse de la invasión y querer proteger una cultura milenaria que hasta entonces gozaba de plena libertad.

“…como medio de gestionar las disputas.”: Lo descrito anteriormente es una simple “disputa”… Verlo para creerlo.

Nos imaginamos a Jean Moulin (líder de la resistencia francesa frente a la ocupación alemana de 1939) frente a su torturador y asesino Klaus Barbie (oficial de las SS y de la Gestapo) dedicándole este rosario cuando el segundo estaba acabando con la vida del primero,  con la intención de proseguir con su cometido en esa “legítima disputa” que trataba de extenderla al resto de conciudadanos del asesinado.

La inmoralidad política de los cómplices del imperialismo que se sentaron junto a sus amos en la capital de la western Nabarra para mostrar el camino de la sumisión a su propio pueblo no parece tener fin. Ahora bien, su bajeza, tanto moral como política, es de un tal calibre que a buen seguro un pueblo digno, preparado y determinado no tendrá ningún impedimento para desembarazarse de semejante lastre y hacerlos rodar hasta el olvido.

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