El sindrome de la colonización y la lucha por la independencia

Andrés García Montes.
Tal como manifiesto en mi última entrega titulada: “La Crisis Mundial y la Lucha por la Independencia de Canarias” [1] creo firmemente que están madurando en forma acelerada las condiciones objetivas para la lucha por la independencia. Corresponde a los canarios de conciencia avanzada, firme e indeclinable, crear y desarrollar las condiciones subjetivas para que el hecho histórico de la independencia de la Patria Canaria se dé, al coincidir en forma armónica las indispensables condiciones objetivas y subjetivas en este proceso histórico.
Planteado el problema dentro de estos parámetros, creo que el reto más urgente y necesario es inducir a nuestro pueblo a que tome conciencia de su realidad histórica, al calor de la estructural crisis que inevitablemente nos castigará y que la única solución está en el rompimiento de las cadenas coloniales que son los culpables de esa realidad después de 600 años de opresión.
Pero un acto de esta naturaleza presenta amplias y complejas dificultades, que exigen una adecuada estrategia del movimiento por la independencia para adaptarse a la realidad histórico-cultural desarrollado a lo largo de seis siglos de vigencia, en cuyo dilatado período se ha impuesto y consolidado un modelo cultural, no solo tergiversador de nuestra realidad, sino embrutecedor y alienante, que ha venido tergiversando y distorsionando la cultura y la personalidad del canario, cuya bestial influencia llega a términos que sobrepasa lo increíble, para llegar a lo asombroso.
Veamos sólo algunos ejemplos del alcance que en los patrones de conducta del canario le impone esa cultura, producto de esos 600 años de coloniaje.
Comencemos por lo que se entiende generalmente por cultura. Desde el punto de vista antropológico, “Cultura es todo aquello que crea o transforma el hombre con su trabajo”. En efecto la cultura es todo, desde lo creado por el intelecto humano, hasta la realización física y objetiva que su esfuerzo físico e intelectual crea, desde los bienes de consumo, hasta los códigos morales, valores estéticos y cognoscitivos, variada formas de lenguaje y comunicación, etc. A todo este complejo de manifestaciones se le define cultura, por tanto, la cultura constituye un elemento indispensable de la personalidad y la identidad de cada individuo y en consecuencia del conjunto social al cual pertenece, su trascendencia ha llegado al punto de convertirse en un derecho humano universal, inviolable e incuestionable, según el Artículo 22 de la Declaración de los Derechos Humanos. El hombre actúa de acuerdo a lo que piensa y cree, en consecuencia, la cultura determina en gran medida los patrones de conducta del Hombre.
Hay indicios para pensar que los colonialistas tuvieron claro, desde muy temprano, que para dominar al colonizado había que destruir su cultura e imponer la de ellos. Con relación a esto veamos lo que nos dice el compañero Francisco Javier González en su extraordinario trabajo “La Colonización Cultural”, con relación a la destrucción de la cultura Guanche y la imposición de la suya. “La ordenanza de 1515 ordena severos castigos que van desde la pérdida del ganado al corte de las orejas e incluso la horca a todos los guanches y gomeros que se empeñen en serlo…, para escapar al castigo y conservar al menos íntegras sus orejas, los guanches y gomeros tenían que dejar de ser guanches y gomeros”. Parece que esta ordenanza no les dió el resultado apetecido y dictan otra ley, la de 1520 donde se declara a todos los guanches herejes y cismáticos. Esto que hoy podía parecer una simple cuestión de diferencia religiosa, hace 400 años era cuestión de vida o muerte… como simples paganos podían, según Bula del Papa Pío II, refrendada luego por Sixto IV ser reducidos en cualquier momento a la esclavitud con el pretexto que se negaban a aceptar la religión católica. Se libraban de esta esclavitud si demostraban estar bautizados o en vías de serlo…, después de catolizados, declararlos herejes y cismáticos, era equivalente a poderlos condenar a la hoguera y a la expropiación de sus bienes.
La bestialidad represiva de estos actos queda bien expuesta al obligar a nuestros aborígenes a desarrollar mecanismos de ajuste y defensa cuya proyección llega a nuestros días.

Lo que libraba a nuestros aborígenes de estas terribles penalidades, era que pudieran demostrar que estaban bautizados o en vías de bautismo. Incontables veces le oí a mi inolvidable abuela materna, una encantadora viejita que murió en la década de los 60 cerca de los 100 años saludar a los que se cruzaban en el camino o nos visitaban con unos “Buenos días cristiano”, “¿Pero usted hizo eso cristiano? “¿Qué desea cristiano?” expresión que denota como nuestro pueblo tuvo que desarrollar mecanismos de adaptación y defensa ante el terror desatado, agregando la calificación de cristiano como medida de autoprotección y de protección a su interlocutor. Hondo y profundo ha tenido que ser ese trauma cuando campesinos analfabetos sin la menor noción de Historia, más de 450 años después no hayan podido borrar el tormento generado por aquellas salvajes represiones. A ello ha contribuido la prolongación en el tiempo de ciertas medidas y leyes como aquella que castigaba con la pérdida de la mitad de sus bienes y con 100 azotes a quien diese de comer o prestase ayuda a un guanche rebelde o perseguido.
El ya citado autor, en su mencionado trabajo y refiriéndose al proceso cultural del pueblo colonizado nos dice: “esta colonización cultural, está aculturación, es tan fuerte que ha creado -al menos en apariencia- un individuo diferente. Ya señalamos que la colonización lastra por tiempo indefinido al pueblo que la sufre, secuestrando el peso específico de su propia o posible identidad y mentalizando negativamente a sus individuos, en los que se desarrolla “un complejo del colonizado”. Se hacen recelosos de sí mismos, se infravaloran, ocultan sus pensamientos, su identidad, su cultura que parece despreciarse a sí mismo. Esos pensamientos se van haciendo más fuerte con el paso del tiempo y la persistencia de la colonización. Se establece incluso una división vital, con una fachada exterior, donde se adopta totalmente la cultura impuesta, se le ensalza, se le supervalora no se le discute y otra interna, donde sobreviven soterrados elementos de la vieja cultura. Poco a poco, con el transcurso del tiempo, se realiza una simbiosis. Una mezcla cultural que origina una cultura especial, la de un pueblo colonizado cuyo punto de arranque es la conducta histórica del pueblo sometido frente a la postura cerrada del colonizador”.
En una magistral exposición, el compatriota Francisco Javier González, nos ha expuesto la cultura que adopta el pueblo colonizado, cuya principal manifestación es el llamado “Complejo o Síndrome del Colonizado” que se manifiesta a través de un conjunto de características extremas. Algunas de ellas son: Colocar a la metrópoli no en un lugar importante sino divino. Es tan enorme y aplastante la subvaloración de su personalidad que se ríe, se burla y se menosprecia a sí mismo y a su pueblo, como consecuencia de una prolongada sumisión y sometimiento, impotencia y represión, la práctica del degradante servilismo es otra manifestación de ese síndrome, también como consecuencia de lo antes enunciado es portador de grandes cuotas de miedo. En términos generales la cultura del canario se caracteriza por: una apariencia noble, tranquila, sosegada siempre dispuesto a servir, a ayudar a sus semejantes, posee una elevada capacidad de adaptación a las circunstancias y al medio, generalmente muy desconfiado, posee grandes dosis de miedo, es generalmente conservador, carece en términos generales de un elevado sentido emprendedor, se muestra apático y desinteresado ante los fenómenos que lo rodean, pero esto es sólo en apariencia, pues es un gran observador, es flexible y tolerante fuera de su entorno íntimo, siempre está dispuesto a dar una salida humorística o jocosa a las dificultades, posee una ínfima capacidad de protesta y reclamo de sus derechos, recuerda casi en forma observa sus deberes y obligaciones mientras finge olvidar sus derechos. Hay un deseo permanente de pasar desapercibido, el canario rechaza al figurón orgulloso o prepotente, no abundan los canarios figurones, pedantes o petulantes, existe en el hombre canario una fuerte predisposición a exagerar el valor de lo foráneo e infravalorarse a así
mismo y a su conjunto social, muchas veces esa tendencia determina un desprecio a sí mismo y a su conjunto social, el canario es muy susceptible al halago, posee una buena dosis de romanticismo, es un hombre marcado por la melancolía e hipocondriasis, que muchas veces llega a somatizar, en
sus conversaciones y normas de conducta se observa una casi perpetua nostalgia, el canario en significativo número tiene un fuerte rechazo a la
política; estas, entre otras características, identifican a nuestro modelo cultural, como nefasta herencia de ese proceso histórico vivido,
caracterizado por constantes ridiculizaciones, un medio opresor, la dirección impuesta por la fuerza, el desconocimiento al derecho a elegir su propio destino, la privación y pisoteamiento de sus más elementales derechos, el trato despectivo, discriminativo y racista, recibido por largo tiempo, la no participación en la toma de decisiones, la imposición de ciega obediencia, la obligación de rendir pleitesías, el forzoso servilismo, la perpetuidad en el tiempo de ciertas normas socio-culturales y políticos-
culturales, la supervivencia de normas jurídicas arcaicas y desfasadas en el tiempo, el vasallaje, la ciega obediencia y el sometimiento, como norma social imperante en el tiempo, la impotencia, la enseñanza racista y discriminatoria, el abuso y el ultraje institucionalizado, la explotación sin medida, el analfabetismo crónico, etc, etc.

Cómo negar que el conjunto de características señalado sea el producto de ese largo proceso histórico que ha ido dejando la huella de su dedo delator en esa cultura que como fiscal acusador hoy eleva su voz ante el Tribunal de la Historia. Estoy seguro que un especialista en Psicología social, nos dirá que las características señaladas representan las respuestas psicológicas de un pueblo, ante vivencias como las reseñadas.
Sólo hemos hecho un muy ligero esbozo de los hechos que han terminado imponiendo un determinado modelo cultural a nuestro noble y sufrido pueblo, en consecuencia, el canario no es culpable de gran parte de sus patrones de conducta, es sí víctima muchas veces de sus propios actos. Esto científicamente lo probó el llamado Padre del Psicoanálisis: Segismundo
Freíd, uno de cuyos principios reza así: “A lo largo de su vida todo hombre demostrará en sus patrones de conducta la enseñanza del medio ambiente donde forjó los parámetros centrales de su personalidad de uno a cinco años. Esto que hoy nadie discute al probarse que el individuo aún siendo feto ya recibe influencias del medio, tuvo sus opositores a mediados del pasado siglo cuando se expuso. Así que esta realidad hecha por tierra aquella afirmación: “usted es así, porque le da la gana”. Nada más lejos de la realidad, todo ser es moldeado por el medio en un determinante porcentaje”.
Todo esto ha sido expuesto para tratar de demostrar al patriota canario, al encargado de convencer a la mayoría de nuestro pueblo, que la lucha que
tenemos no es fácil, que tenemos que afrontar esta titánica labor con conocimiento de causa, teniendo claro que la conducta que asuman nuestros interlocutores no es culpa de ellos, por tanto, debemos trazar estrategias, hacer gala de una infinita paciencia y tolerancia, afrontar el reto con la firme convicción del triunfo final, con perseverancia y renovado entusiasmo, convencidos que los cambios de los modelos culturales son difíciles y reclaman tiempo. Estos y otros aspectos son de incuestionable
valor en la lucha que nos espera.
No admite discusión que el mayor reto que la lucha por la independencia de Canarias plantea es cambiar el modelo cultural impuesto por el colonialismo, por la nueva cultura que la realidad independiente y soberana de una Patria Libre exige. Los patriotas canarios tenemos que tener muy claro, que los encontrados intereses que en este proceso chocan, tienen capacidad para distorsionar, cambiar y hasta poner en peligro las conquistas que se logren con ese trascendental salto histórico, el único aspecto que nos pueden garantizar las conquistas sociales-políticas, económicas y culturales, que tal hecho genera, es tener un pueblo unido, consciente y dispuesto a no dejarse arrebatar las conquistas logradas y, para ello, es necesario conocer y estar convencidos de la razón histórica que le ampara.
Todos los patriotas debemos tener claro que en nuestra labor patria, nos vamos a encontrar con duras, dolorosas y variadas reacciones, cuyo campo
es tan amplio y diverso, que va desde el que se muestre indiferente o confundido, hasta el que reacciona violentamente en abierta y firme defensa de su verdugo. Habrá quien adopte una actitud de indiferencia o confusión, pues nunca ha oído decir nada sobre eso, hasta quien adopte actitudes de sabelotodo, burla y se siente ofendido por poner en duda su españolidad.
¿Cuál debe ser nuestra posición ante esa adversidad de posibles reacciones? Esta debe tratar de estar no sólo a la altura que las circunstancias exijan, sino adaptada a la realidad histórico-cultural de nuestro pueblo, tratando siempre de colocarse en un nivel superior, siempre dirigido a mantener la puerta abierta, que nos permita volver a seguir dialogando, pues es la mejor forma de convencer y mantener buenas y adecuadas relaciones, indispensables para persuadir y concienciar, todo esto sin olvidar que hay circunstancias en que hay que alterar ciertos patrones de conducta,. En más de una oportunidad se me ha presentado la disyuntiva de plantear el problema ante un grupo de canarios y uno reacciona violentamente en defensa de su verdugo, tratando de burlarse y ridiculizar las posturas patrióticas en forma intransigente, lo que me ha obligado a tratar de apabullarle y acorralarle, pues tenemos en estos casos que ponernos en función de la mayoría. Con esto deseo decir que debemos saber adaptarnos al medio y a las circunstancias que se planteen. En fin como ya se dijo, lo que tenemos frente no es fácil, es un camino difícil, complejo, intrincado, arduo, escabroso, pero es el camino.

[1]La crisis mundial y la lucha por la independencia de Canarias

No Replies to "El sindrome de la colonización y la lucha por la independencia"

    Dejanos tu opinión

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies