Cuestionar lo incuestionable

Extraído de la publicación Iparla, nos encontramos con lo siguiente: “Ni el pueblo vasco, ni ningún otro, tiene derecho a decidir nada en lo que concierne al derecho de autodeterminación de los pueblos como derecho fundamental e inherente que, por serlo, precede a toda decisión y donde no hay nada que decidir.”

Si a esto le añadimos que los que plantean referéndums, consultas y demás sobre la voluntad o no de un pueblo ocupado a querer recuperar su libertad, lo que están haciendo es, de principio negar la mayor: de que somos actualmente un Estado ocupado, entonces,

¿a que viene la pregunta de si queremos o no ser un Estado independiente cuando en realidad somos Estado, y éste está ocupado por fuerzas extranjeras y sometido a sus dictámenes?

De la misma manera que nos quieren tener entretenidos con sucedáneos tipo estatutos de autonomía, pluralidades y sensibilidades varias en nuestro país, marcos territoriales impuestos por los ocupantes, leyes extranjeras de obligado cumplimiento, sistema educativo antagónico con la expresión política e histórica de nuestro pueblo, modelos económico y jurídico exógenos a este país, concluiremos que todo ello no son más que subterfugios para rehuir de sus responsabilidades con este pueblo y no querer encarar la cuestión de fondo que nos permitirá recobrar la libertad: la expulsión de las fuerzas de ocupación de los territorios que conforman nuestro Estado.

El hecho de preguntar si la independencia es o no nuestro marco democrático es dar a entender que se puede contemplar la posibilidad de que no sea así. Dicho de otro modo, consideran la independencia, la libertad de un pueblo como una opción entre varias más.

Entre ellas, la dependencia y de ese modo considerar también lícito el imperialismo, la agresión, ocupación, colonización, sometimiento y partición de nuestro Estado legítimamente constituido. Consideran por lo tanto el delito como una opción política, con lo que ello conlleva: legitimar la perpetuación y la base sobre la que se asienta y se asiente la ocupación.

Afortunadamente, somos cada vez más los defensores de la estatalidad nabarra que no caemos en la trampa tendida por los lacayos del imperialismo, por que entre otras cosas, no conseguisteis destruir el razonamiento político propio que hemos heredado de las generaciones anteriores y por lo tanto, no pudisteis, no podéis, ni podréis llevarnos a vuestro redil.

Sólo ratificaremos decisiones políticas que, como pueblo, hayamos previamente implantado por la fuerza. Cuando dispongamos de nuestro propio censo, de nuestras propias normas y de nuestras propias fuerzas de defensa.

Ello querrá decir, entre otras cosas, que conseguimos poner fin a la situación delincuencial que supuso la ocupación.

 

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