Cínicos y desaprensivos

“En política no hay más aliados, ni más seguridades, ni más confianzas, ni más palabras dadas, ni más pactos que los que se fundan en la relación estratégica de fuerzas.” (Boletín Iparla).

A la clase “política vasca” le trae sin cuidado el realismo político, los principios estratégicos o hipotecar a las futuras generaciones.

Han hecho del apoltronamiento y la desaprensión su modus-vivendi.

La cháchara hueca y vacía de contenido ideológico es su hábitat natural. Siendo, como lo son, la representación de un pueblo ocupado y sometido, con su Estado secuestrado, su labor diaria se traduce en transmitir una absoluta normalidad ante esta realidad política.

Una realidad que silencian y ante la cual confían en que, disponiendo de todo el abanico de medios de desinformación masiva, como disponen, conseguirán distraer al pueblo que representan hasta hacerle caer en la más profunda amnesia y de ese modo encarrilarlo en la vía que ellos mismos encarnan: la del olvido y la desmemoria, la de la asumir e interiorizar la rendición total e incondicional de cualquier sustrato de resistencia en el país. Para ello despliegan y se sirven de todo un arsenal de medios propagandísticos, que van desde la comunicación hasta la enseñanza, para ir debilitando, erosionando y finalmente destruyendo el más mínimo razonamiento político del pueblo ocupado, que indefenso, se va dejando llevar por ese incesante goteo y falta de referencias, sucumbiendo a la acción de esta maquinaria, que va arrasando, a semejanza de un buldozzer, todo pensamiento de origen y de resistencia de los cuales no irá quedando nada en unas pocas generaciones.

Nos queda la duda de si ellos mismos son el producto de lo aquí descrito o al contrario, preservando aún resortes de autoestima política y lucidez estratégica, se prestan a esta labor.

Sea de una manera u otra, las consecuencias y los resultados para el pueblo ocupado son exactamente los mismos. En política las valoraciones morales, siempre influenciadas por un dogmatismo exógeno al país, como es nuestro caso, importan bien poco.

Nos remetimos a los hechos y éstos nos indican que como tal clase “política vasca”, sólo haciendo gala del más puro cinismo se puede seguir sosteniendo esta situación delictiva de Estado ocupado que padecemos y no hacer nada para reconducir la situación y armar ideológicamente al pueblo ocupado con todos los instrumentos que posee dicha clase política. Si bien esos instrumentos son facilitados por el propio imperialismo para que sigan con esa labor de zapa, ¿Cómo es que no interiorizan que su mayor herramienta, su mayor instrumento es su propio pueblo, de donde salen todos los fondos, toda la fuerza productiva en todos los órdenes y todo el poder que ellos deberían gestionar para ponerlo al servicio de los objetivos de ese mismo pueblo?

Ahí está el quid de la cuestión. Son conscientes de que el imperialismo nunca les pondrá en sus manos instrumentos que puedan perjudicar y erosionar a este último y ante esa evidencia optan por la complicidad, condicionados por el temor a contrariarlo y ejecutan sus orientaciones a cambio de asegurarse un espacio de seguridad y bien-estar corporativista. Ello explica el porqué no se plantean, ni se plantearán, asumir riesgos y desde una centralidad política propia, con el poder y los medios que le otorga la fuerza de su propio pueblo, desafiar al imperialismo plantándole cara e iniciar una ofensiva que tenga como objetivo la expulsión de éste último de los territorios de nuestro Estado, poniendo fin a cuatro siglos de ocupación, expoliación y delito.

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