Capacidad de ejercer

Lo que capacita a un pueblo para su desarrollo es su poder. Un pueblo se define por su poder y no, como erróneamente se podría pensar, por su lengua, cultura, costumbres, historia o territorio. No confundamos la definición con las características. No existen factores objetivos que permitan discernir lo que es un pueblo. Los factores subjetivos también son un camino equivocado. No es un conflicto intelectual, demostrable. Si existe un pueblo, nos tenemos que encontrar con él, nos encontraremos con un obstáculo: su poder.

Los que se auto-proclaman clase dirigente política vasca están enfrascados en un absurdo político sin parangón, en el que la renuncia a querer enfrentar la situación desde una centralidad política propia les ha llevado a poner en el centro del debate para resolver nuestro primer problema social que no es otro que nuestro problema nacional, el derecho a decidir como eje vertebrador de una hipotética resolución del conflicto propiciado por el imperialismo en los territorios nabarros.

El derecho a decidir, como lo están planteando sus defensores, es el equivalente a renunciar a ser lo que somos para pasar a ser súbditos de un Estado que nos ha invadido y aceptando ese status, tener la “posibilidad” de salirnos de él, poniendo en entredicho la ilegalidad de la ocupación al ser una opción, la cual contempla, como tal opción, seguir viviendo privados de libertad, en una situación a todas luces delictiva donde la invasión, el genocidio, la ocupación, la colonización y sometimiento de nuestro Estado y sus gentes quedasen legitimados.

En contraposición al derecho a decidir está el poder de ejercer donde no hay nada sobre lo que decidir porque uno no puede poner en duda su propia existencia. Se trata de atesorar el suficiente poder para actuar con decisión. O dicho de otra manera, que exista pueblo, como bien lo hemos explicado unas líneas más arriba. El eje vertebrador en este caso tiene su fundamento en la unilateralidad. Para ello es necesario desplazar la centralidad política hacia los presupuestos del sujeto político, en este caso, el pueblo ocupado, para conseguir de ese modo la optimización de los recursos que den cumplimiento a los propósitos.

Un pueblo ocupado con su Estado secuestrado debe tener como primer eje de actuación la oposición frontal y estratégicamente fundamentada al imperialismo y sus colaboradores aborígenes, donde la autoestima, la determinación, el conocimiento, la preparación y la organización deben ser necesariamente compañeros de viaje en el arduo camino que nos va a tocar recorrer.

 

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