Baskones y Catalanes, historias paralelas

 

Aitzol Altuna Enzunza.

Voltaire (1694-1778 París) “Es un Pueblo que canta y baila a ambos lados de los Pirineos”.

El nacimiento de las naciones baskona y catalana tienen un punto de partida común, su historia se entrelaza después varias veces, para ser finalmente uno de los objetos de codicia del Imperio español y francés que intentan acabar con estas dos naciones repartiéndose sus tierras y reduciendo a escombros sus instituciones políticas, Fueros y soberanía.

La historiografía española ve en el reino visigodo de Toledo el antecedente del Estado español. Los godos intentaron dominar una y otra vez a los baskones sin conseguirlo, tanto baskones como catalanes tenemos que hablar de la resistencia de nuestros antepasados ante los francos para llegar a la génesis de nuestra nación política y Estado.

Ha pasado a los anales de la historia por su importancia la derrota infligida por los baskones el 15 de agosto del año 778 a Carlomagno, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (Primer Reich). Una pequeña rebelión en el norte del califato cordobés fue aprovechada por Carlomagno para atravesar con su ejército todo el ducado de Baskonia desde su frontera en el río Garona para bajar el Pirineo por la Pamplona de los “nauarri” hasta llegar a Zaragoza, de cuyo wali o gobernador musulmán insurrecto al poder de Córdoba había obtenido la promesa de entregar sin batalla la gran ciudad del norte peninsular junto con las de Lleida y Huesca. Cuando Carlomagno se presentó en Zaragoza pero la ciudad no se rindió y tuvo que sitiarla. La sublevación en el norte de su reinode los sajones hizo que Carlomagno levantara el campamento y regresara a toda prisa a su país, los baskones le esperaron en Orreaga-Roncesvalles y su derrota fue total.

El ducado baskón no pudo ser invadido por los godos ni por los musulmanes, y finalmente acabó convirtiéndose en el reino de Nabarra al derrotar otra vez los baskones a los francos carolingios acaudillados por el baskón Eneko Aritza en la Segunda Batalla de Orreaga. El propio Eneko Aritza convertido en el primer rey nabarro expulsará al conde Aznar impuesto por los francos de los valles de Aragón (desde Echó a Canfranc) y casará a su hija Oria con el nuevo conde Garçea Galíndez, haciéndose así con el control del pequeño condado o marca franca que también era baskona, quedando como recuerdo el escudo personal de la familia Eneka en el escudo de Aragón actual.

Parte del ejército de Carlomagno atravesó los Pirineos por su extremo oriental para tomar las ciudades de Huesca y Lleida prometidas al emperador germánico. Es así como un noble franco siguió hacia el sur y se convirtió en el primer conde de Barcelona tras tomar la ciudad con su ejército. Se trata de Bera, hijo del conde aquitano Guillermo de Tolouse. Bera será el primer conde de Barcelona, de Girona, de Besalú (la Garrotxa) y al norte pirenaico de Rasés (Rosellón-Limoux) y de Conflent (Rosellón). Será por tanto un “marqués” impuesto por los francos ante el avance musulmán. Pero el dominio franco no fructificó como no lo habían hecho el godo y el musulmán, y en el mismo siglo IX la dinastía que gobernará la casa de Barcelona era independiente de los francos desde Wilfredo “el Velloso”, unificando los condados catalanes.

Alfonso I “el Batallador” de Nabarra, de la rama dinástica aragonesa, recuperó la ribera baskona a los musulmanes en el año 1119, la única parte de Baskonia conquistada por el Islam. Alfonso I en el año 1131 señalaba las fronteras del reino baskón en su testamento: “desde Belorado hasta Pallars y desde Baiona hasta Monreal” (Monreal del Campo, entre Calatayud y Teruel). A su muerte dejó el reino en manos de las Órdenes Militares (comandadas por el emperador del Vaticano o papa), lo cual no fue aceptado por los infanzones nabarros que nombraron entre ellos a uno como su rey por lo que fue excomulgado por el Vaticano, se trata de García Ramírez “el Restaurador”, línea bastarda de Sancho III “el Mayor”.

El hermano de Alfonso, Ramiro II “El Monje”, no aceptó la decisión de los Infanzones nabarros, dejó el hábito y se casó con Inés de Poitiers, hija del duque de Aquitania Guillermo IX “el Trovador” con la que tuvo a Petronila, a la cual casó a la edad de un año con el conde Barcelona Ramón Berenguer IV, que era el verdadero conspirador. Con la excusa de poseer derechos sobre los territorios de su infanta mujer, Ramón de Berenguer IV entró en Ribagorza, Sobrarbe, el Aragón primigenio (en ese momento todos estos territorios eran euskaldunes), así como en la reconquistada Zaragoza, y los desgajó por primera vez desde la creación del reino de Pamplona o Nabarra en el año1137, creando así el reino soberano aragonés y catalán, pero mantendrá cada uno su plena autonomía, y fue reconocido internacionalmente y por el papa gracias a la sangre real nabarra que corría por la venas de su mujer.

Estuvieron ambas coronas a punto de unirse de nuevo a mediados del siglo XV con Carlos “Príncipe de Viana y de Girona”, durante la guerra fratricida contra su padre Juan II de Aragón, el cual era además rey consorte de Nabarra. Carlos fue aceptado como rey por los nabarros en 1441 a la muerte de su madre Blanca de Nabarra, titular de la corona, y por los catalanes en 1461. Juan II no quiso dejar el gobierno de Nabarra y de Aragón en manos de su hijo hasta su propia muerte, lo que provocó una guerra civil entre los partidarios del padre y los del hijo. Falleció Carlos en extrañas circunstancias el mismo año 1461 quedando la corona de Nabarra para sus hermanas. Juan II se había casado en segundas nupcias con la castellana Juana Enríquez, bastarda real, la cual confesó antes de fallecer en el año 1468 haber envenenado a su hijastro el Príncipe de Viana. Juana tenía un hijo de Juan II, se trata de Fernando II de Aragón, para el cual quería la corona de Aragón, por lo que conspiró primero para que Carlos no se casase con Isabel, heredera al trono de Castilla con la que estaba prometida, y lo mandó asesinar después.

Se acepta como génesis de España el matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (apodado en la historiografía nabarra “el Falsario”), ambos de la familia Trastámara de bastardos reales procedentes de la borgoña francesa, aunque cada uno sólo gobernó sobre su propio reino. Será Fernando, tras conquistar en 1492 el reino nazarí de Granada y acabar “La Reconquista”, el que empezó a titularse “rey de Las Españas”, ganándose además el título de “Reyes Católicos” que les otorgó el papa aragonés Alejandro VI Borja (1494). Tras la muerte de Isabel en 1504, ambas coronas se unieron en el efímero reinado de su hija Juana “La Loca” y la regencia de su padre Fernando que la recluyó por demente en Tordesillas.

Fernando II de Aragón siguió con la conquista de Nabarra en 1512 tras casarse con la hermana del rey de Nabarra Germana de Foix, pero con la que no pudo tener descendencia. Su idea era desgajar de nuevo las coronas catalano-aragonesa y castellana, llevándose Nabarra de Castilla donde había quedado encajada al ser conquistada a su reino de Aragón. Fernando “el Falsario” falleció en 1516 sin conseguir asentar su invasión del reino baskón gracias a la resistencia nabarra. En contra de la voluntad de los propios Reyes Católicos, la unión de las coronas castellano-aragonesa se consolidó gracias al empuje militar de su nieto, el emperador franco Carlos V de la familia de los Habsburgo, casualidad, heredero del Imperio Carolingio o Sacro Imperio Romano Germánico por parte paterna. La unión dinástica castellano-aragonesa no supuso la creación espontánea de la nación española y ni tan siquiera del Estado español, pues cada cual mantenía sus instituciones, leyes, Cortes o Parlamentos, fue la unión de diferentes reinos en un mismo Emperador, lo cual fue muy frecuente en toda la Edad Media y la Edad Moderna.

La guerra de conquista de Nabarra acabó en el año 1524 con Carlos I de Las Españas y V de Alemania. Pese a todo, los reyes de Nabarra Enrique II “el Sangüesino” (el último jefe de Estado euskaldun) y Margarita “de Nabarra” (la primera mujer renacentista), recuperaron parte de las tierras nabarras de Ultrapuertos en 1530, las cuales junto a los Estados de Beárn y Andorra siguieron constituyendo una corona europea soberana. Para entonces los territorios occidentales de Nabarra habían sido conquistados por Alfonso VIII de Castilla en el año 1200, pero mantuvieron todo su sistema institucional nabarro junto a los Fueros o leyes. Lo mismo había ocurrido pocos años antes con parte de los vizcondados de Lapurdi y Zuberoa, los cuales sucumbieron al ejército angevino de Ricardo “Corazón de León” duque de Aquitania. La frustrada unión matrimonial del rey inglés-aquitano con Berenguela de Nabarra con la que no tuvo descendencia, trunco la posible unión de ambas familias y provocó una enconada guerra para recuperar Lapurdi, Zuberoa y Gascuña por el hermano de Berenguela, el rey de Nabarra Sancho VII “el Fuerte” y sus sucesores, lo que supondrá la recuperación de la mencionada Baja Nabarra o Tierras de Ultrapuertos, hasta entonces tierras del vizcondado de Lapurdi o Labourd en su mayor parte.

Louis XIII de Francia, educado por Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia, anexionó la corona soberana de Nabarra de su abuela Juana III de Albret o Labrit a la de Francia, contra la voluntad de su padre Enrique III de Nabarra “el bearnés”, que será después rey de Francia por la rama paterna, el primer rey Bourbon de la historia. Louis XIII impuso el Edicto de la Unión de 1620 el 15 de Octubre de ese año, para ello tomó con su ejército las Cortes Nabarras que se reunían en Donapaleu (Nabarra) e hizo lo mismo con los Estados Generales del Bearne de Pau. Louis XIII no fue reconocido por los representantes de los Estados de Nabarra y Beárn como su rey, por lo que fue una invasión contra los Tratados Internacionales y sin previa declaración de guerra como en las invasiones anteriores; la situación duró hasta la brutal represión tras la Revolución Francesa (1789) contra la población baskona con cientos de muertos y masivas deportaciones de la población civil.

Como señaló el abogado e historiador Tomás Urzainqui en una intervención ante la “Comisión de Autogobierno del parlamento español de la C.A.V” en la Nabarra Occidental en mayo del 2002: “Para las Cortes y Estados Generales de Navarra-Bearne, la “unión” a España o a Francia significaba el fin de las libertades garantizadas en sus Constituciones y la introducción de prácticas absolutistas, autoritarias y neofeudales; así se amortigua la brasa que desde 1512 y hasta 1620 se había mantenido encendida al Norte de los Pirineos después de la ocupación del Sur. Pero la libertad y la soberanía no se extinguen ni prescriben”.

Catalunya era un frente más de la guerra de los Treinta Años que enfrentaba a la Francia de los borbones con la España y Alemania de los Habsburgo por la hegemonía imperial en Europa (1618-1648). Las exigencias y los abusos de la soldadesca española que llegaron a quemar poblaciones enteras, generaron una auténtica espiral de violencia que acabó con la toma del Pueblo catalán de las calles y la expulsión de las tropas españolas a las cuales consideraban extranjeras al ser mandadas desde Castilla. La Generalitat presidida por Pau Claris y el Consell de Cent proclamó unilateralmente la independencia a modo de República catalana soberana el 17 de enero de 1640, rompió así con la monarquía castellana que estaba reduciendo a la nada la corona catalano-aragonesa 100 años después de su unión.

El rey Habsburgo Felipe IV de España y el conde duque Olivares planearon la invasión del Principado catalán. El rey de Francia, el mencionado Bourbon Louis XIII, prometió ayudar a los catalanes y tomó el Rosellón con su ejército, así como Monzón y Lleida en 1643. Felipe IV al año siguiente recuperó las dos últimas plazas, no así el territorio continental de Catalunya que ha quedado en Francia hasta el presente. Las tropas españolas no pudieron tomar Barcelona hasta 1651, jurando al año siguiente pese a todo Felipe IV los Fueros catalanes. El Bourbon Louis XIII traicionó también a Catalunya abandonándola a su suerte, y la represión española contra el Pueblo catalán fue brutal. Este intento de recuperar la libertad del Pueblo de Catalunya frente a la uniformización castellana se conoce también como la “Guerra dels segadors” o “Guerra de Catalunya” (1640-1652).

Como señala el filósofo español Ortega y Gasset (Madrid 1883-1955) en su libro la “España invertebrada”: “Para la mayor parte de la gente (española), el nacionalismo catalán y vasco es un movimiento artificioso que, extraído de la nada, sin causas ni motivos profundos, empieza de pronto unos cuantos años hace. Según esta manera de pensar, Cataluña y Vasconia no eran antes de ese movimiento unidades sociales distintas de Castilla o Andalucía (…). Lleva esta errónea idea a presumir, por ejemplo, que cuando Castilla reduce a unidad española Aragón, Cataluña y Vasconia, pierden estos pueblos su carácter de pueblos distintos entre sí y del todo que forman. Nada de esto: sometimiento, unificación, incorporación, no significan muerte de los grupos; la fuerza de independencia que hay en ellos perdura, bien que sometida”.

Es así como dos de las grandes potencias mundiales del momento, España y Francia, decidieron finalmente repartirse el reino nabarro y Catalunya, al ver que ninguno los conseguiría en su totalidad, celebrando un matrimonio entre el delfín de Francia Luis XIV “El rey Sol” y la infanta española María Teresa en Donibane Lohitzune (San Juan de Luz) ratificado después en Hondarribia. La actual frontera militar española-francesa que divide a baskones y catalanes del norte y sur del Pirineo, se fijó en el año 1659 en el “Tratado de los Pirineos” en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia.

Es el único caso de “condominio” o “cosoberanía” que queda en todo el mundo, sólo justificable por la violencia armada de la invasión y la ocupación actual del reino nabarro y del condado catalán contra todo Derecho Internacional, convirtiendo los territorios catalanes y nabarros en colonias hispano-francesas, las últimas dentro de Europa.

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