Asesinatos selectivos

El 20 de noviembre del año 1984 caía asesinado a balazos el dirigente de HASI (antigua EHAS) Santi Brouard en su consulta de pediatría en la ciudad nabarra de Bilbo.

Su asesinato aparentaba ser un acto espontáneo fuera de cualquier lógica política, hecho que quedará desmentido con el paso del tiempo y que los acontecimientos posteriores demostrarán que aquella acción llevada a cabo por los aparatos de guerra del imperialismo respondía a una estrategia política planificada con gran precisión y cuyos resultados fueron los esperados.

Santi Brouard era tildado como un político del “sector posibilista” y partidario del dialogo para forzar un entendimiento entre las partes enfrentadas en el conflicto franco-español en los territorios del Estado ocupado de Nabarra.

Es por ello, que no se llegaba a entender cual era el propósito de eliminar a una persona que gozaba de gran notoriedad en el seno de la corriente política que él encarnaba y a la vez un referente político tanto para los suyos como para sus enemigos, siendo una pieza clave para “tender puentes” y un baluarte para la “distensión” política si en un momento dado las partes enfrentadas se viesen obligadas a emprender ese camino.

La respuesta a tal incógnita la encontraremos cinco años más tarde cuando en la primavera de 1988 se produce la implosión de HASI en un traumático congreso de urgencia celebrado en Zestoa. Salieron defenestrados la práctica totalidad de sus dirigentes, con cambios de chaqueta de última hora incluidos, en un enfrentamiento sin precedentes donde estaba en juego el liderazgo del auto-denominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

Lo que estaba encima de la mesa era a quien le correspondía ese liderazgo, los unos apostando por que fuese el partido HASI el que cogiese el mando y los otros por que siguiese siendo la organización armada la que liderase el “proceso”.

Es donde se empieza a entender la eliminación física, el asesinato, de Santi Brouard. Fue un aviso a navegantes en que el imperialismo dejo bien claro su mensaje: los que se sienten más “cómodos” y pudiendo hacer una vida “normal” tampoco se librarán y pagarán con su propia vida la elección política por la que optaron.

El efecto buscado era crear una situación de pánico e inseguridad ante el asesinato de personas que vivían de manera “legal”. No sólo caerían bajo las balas los militantes armados sino también los desarmados. Ello debería provocar la reconsideración política de los amenazados y hacer tambalear sus convicciones políticas.

Así fue, HASI quedó dinamitada y neutralizada. Primer objetivo cumplido. Quedarían más para completar el acoso y derribo definitivo de todo el MNLV en su conjunto.

De nuevo un 20 de noviembre, cinco años más tarde, en 1989 es asesinado a tiros en un céntrico hotel de Madrid, el periodista Josu Muguruza que junto a varios miembros de HB se desplazaron a la capital del reino de España a recoger sus credenciales de diputados españoles, produciéndose otro herido de gravedad y varios más que se salvaron no se sabe como.

Este segundo golpe apuntó a otra de las grandes referencias dentro del MLNV y supuso el remate de una operación que cerraba el círculo emprendido cinco años antes y el comienzo del desmoronamiento de todo aquel movimiento que acababa de sufrir un rotundo revés y la consiguiente desorientación generalizada fruto del fracaso de las “conversaciones” de Argel de ese mismo año, en el mes de abril, a donde acudieron los representantes del imperialismo para asestar otra cuchillada milimétricamente dirigida y dar así en la línea de flotación de la supuesta estrategia del bando contrario.

Ni los objetivos ni los tiempos fueron escogidos al azar. A partir de ahí empezaría una deriva hacia ninguna parte de todo aquel conglomerado que fue poco a poco recuperado por el imperialismo ocupante y acabó totalmente asimilado dentro del sistema de ocupación y colonización vigente y del cual hoy en día forman parte como una “fuerza” política más.

De aquel traumático enfrentamiento ocurrido en la primavera de 1988, uno o una se preguntará cual de las dos tendencias salió vencedora. La respuesta es sencillísima: las dos han desaparecido del mapa, ni rastro de aquel partido que pretendió liderar el movimiento, ni rastro tampoco de aquella organización armada que quiso mantener su liderazgo.

La lectura que podemos sacar de todo esto es invariable: las fuerzas invasoras tienen programada nuestra desaparición como sujeto político, como pueblo, ese objetivo constituye la esencia y la naturaleza misma de los aparatos de guerra del imperialismo. Creer en otra cosa es adentrarse en limbo de los justos, o de los locos, o de los tontos.

 

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