Ser Sujetos no Objetos.

En las “hojas de ruta” del pretendido independentismo que actúa en tierras catalanas y en los territorios ocupados de Nabarra hay algo que llama poderosamente la atención. En ambos casos, se propone zafarse de las garras de los depredadores en base a consultas populares, por medio del referéndum.

Dos cuestiones primordiales que pasan “sorprendentemente” desapercibidas hacen que se enciendan todas las alarmas.

Por un lado, cabe preguntarse en que condiciones piensan realizar este tipo de consultas. La respuesta es de un simplismo sin precedentes y a la vez, aterradora.

En una situación de país ocupado. Donde el agresor e invasor tiene el control total de todos los medios de producción, tanto ideológicos, como económicos, como jurídicos, así como militares e informativos.

Situación a la que han contribuido, contribuyen y piensan seguir contribuyendo estas auto-denominadas clases políticas independentistas de los respectivos territorios aquí mencionados, con su participación activa en ese entramado, siendo parte integrante del sistema de ocupación que padecen estos dos pueblos. A esas consultas las denominan libres y democráticas en dos países ocupados, en el caso nuestro, en un Estado ocupado.

Todo ello les trae sin cuidado visto que hace décadas que juegan a amagar y no golpear y sus conductas están supeditadas al fair-play con las fuerzas de ocupación a las que rinden pleitesía y sumisión a cambio de los servicios prestados por éstas, que les permiten subsistir, todo ello a costa de la desesperación y agotamiento de sus propios pueblos que ven como su objetivo de recuperar la libertad perdida se aleja cada día más y donde la actual situación de ocupación va adquiriendo tintes de normalidad, pluralidad, convivencia y democracia.

La segunda cuestión “anómala”, en la que parece tampoco han reparado nuestras vanguardias, muy independentistas ellas, es quién posee la legitimidad para decidir sobre cuestiones que afecten a su propio pueblo.

Los cicerones de la independencia nos han “resuelto” también este entuerto: todo que el que trabaje y viva en los mencionados territorios.

Es decir, españoles, franceses, belgas, portugueses, rumanos, alemanes, ingleses, etc… tienen potestad para decidir sobre el futuro de un pueblo con el cual no se sienten identificados ni sienten pertenencia alguna porque ese dilema, ellos, ya lo tienen resuelto: se sienten y de hecho son, franceses, belgas, portugueses, rumanos, alemanes, ingleses, etc…

¿Que necesidad de independencia van a tener si se consideran y son ciudadanos de Estados ya conformados?

Es un absurdo con tintes kafkianos.

Dicho de otra manera: ¿se le permitiría al pueblo ruso decidir sobre el futuro de Francia? ¿al pueblo chino, sobre el de España?

La respuesta a estas dos cuestiones es muy sencilla y a la vez alentadora en el camino de nuestra emancipación, siempre y cuando nuestro pueblo tome nota de lo siguiente:

En un país ocupado no existen condiciones democráticas ni déficit democrático alguno.

Lo que existe es la ausencia de derechos y la ley de la guerra, donde el invasor determina al invadido por medio la violencia.

Un pueblo solamente podrá decidir cuando las condiciones políticas se lo permitan. Es decir, en plena libertad, cuando haya recuperado su poder y él determine su propio comportamiento político. En otras palabras, el logro de la independencia es el punto de partida a partir del cual se organiza un pueblo y recurre entonces a los mecanismos que considere más apropiados para dar cuerpo a esa organización, referéndum incluido si así lo considerase.

Sólo catalanes y nabarros pueden acordar el presente y futuro de sus respectivas naciones.

Para ello, deben antes darse de alta como sujetos políticos.

Son catalanes y son nabarros, independientemente de su origen o procedencia, todos los que se implican y luchan a diario por la libertad de sus respectivos pueblos.

Los que se oponen a esa libertad, independientemente también de su origen o procedencia,  y ocupan suelo catalán o nabarro, pertenecen a otra mayoría: a la del imperialismo ocupante y extranjero. Ejercen como lo que son: objetos colonizados o sujetos colonos.

Esas son las dos alternativas que un pueblo ocupado tiene delante de sí mismo: la de seguir bajo la ocupación, y por lo tanto, seguir siendo un objeto en manos del depredador o de lo contrario, elevarse a sujeto político en un despliegue de fuerzas que posibilite neutralizar y expulsar al depredador y revertir la situación hasta la consecución plena de la recuperación de un poder propio que le permita ejercer como ente soberano.

 

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