No se trata de “Status” sino de Estado.

Es asombroso como la clase dirigente del “independentismo” de nuestro país evita por todos los medios conducirnos hacia la independencia.

Para ello se inventan términos con los cuales podríamos llenar una enciclopedia que se podría titular: Dependencia.

Pacto, autonomía, soberanía compartida, derecho a decidir, auto-gobierno (autonómico), marco de relaciones, crear, alternativa democrática, vía vasca, estatuto, legalidad, elecciones, diferentes marcos territoriales, convencer, pluralidad, derechos para todos, legalización, nuevo estatus…. la lista sería interminable.

Es la clase “dirigente” que tenemos. La que nos va a conducir hacía la independencia….

Los jeltzales están ocupadísimos en prolongar el encaje de un Estado ocupado dentro del Estado ocupante. Nada nuevo desde que hicieron dejación de aquel mini-Estado y Gobierno de 1937 y que gobernó durante unos meses con todos sus aparatos de Estado propio.

Sus herederos políticos e ideológicos, los que se definen de izquierdas y abertzales, emprendieron un viaje hace ahora más de sesenta años, que les ha conducido de nuevo a los brazos del imperialismo. Convulsionaron a todo un pueblo que respondió, como siempre, de forma ejemplar y que no se merecía ni se merece aquellos ni estos líderes que los iban a llevar a la independencia y que en realidad los han atado en corto para que no se salgan de la dependencia.

Un liderazgo, que no en todos los casos, habrá actuado de manera consciente e intencionada para cosechar semejante y estrepitoso fracaso. De manera intencionada o no, en política son los resultados los que predominan y a falta de éstos, se debiera de haber reconsiderado, en su momento, las pautas de preparación y actuación, y retirarse a tiempo para dejar paso a la reflexión y al relevo inmediato.

Una clase dirigente no preparada, mentalmente colonizada, formateada por el imperialismo, carente de una ideología básica, sostenible y apegada a la idiosincrasia del país no puede permitirse el lujo de encandilar a todo un pueblo en un asunto tan serio y de consecuencias vitales para las futuras generaciones.

Las batallas decisivas hay que prepararlas con sus dosis de raciocinio político al más alto nivel, siendo la espontaneidad, la incultura política y el desconocimiento y desprecio por lo propio el espejo de un fracaso anunciado.

Pues bien, tanto los unos como los otros, no contentos con haber llevado a este pueblo al borde del precipicio, se empecinan ahora en empujarlo de forma definitiva.

Nos proponen, por un lado los jelkides, un estatus basado en la bilateralidad en el cual mezclan antónimos como derecho a decidir y derecho de autodeterminación, con la formulación del Estado incluida, para a la vez, plantear una “segunda transición” y aderezan este magnífico cóctel con la guinda de “Batasuna eta indarra”.

Sin comentarios.

Sus sucesores ideológicos, ellos, plantean el nuevo estatus desde la unilateralidad. ¿De que herramientas disponen para semejante empresa?

¿A caso han desplazado previamente la centralidad política hacia los intereses del pueblo ocupado? ¿Disponen de aparatos de Estado propio para lanzar toda esta maquinaria?

Es evidente que no. Están instalados en las instituciones del ocupante desde donde se controla y se supervisa el buen funcionamiento del régimen colonial. Aparatos creados para obstaculizar, frenar e impedir toda posibilidad de conseguir tan siquiera una formulación política de corte ofensivo en el plano nacional.

Ambas fuerzas eligieron, desde hace tiempo, mantener el estatus-quo actual preocupándose en exclusiva de adormecer a sus respectivas bases para conseguir de esa manera no hacer patentes las flagrantes contradicciones ideológicas de tal infame proceder. Para ello, renuevan cada cierto tiempo, su repertorio de cantos de sirena con nuevos inventos y soflamas que consigan despertar la ilusión de manera efímera hasta la siguiente campaña de puro mercadeo.

Se pasan así la vida, seguros de sí mismos y sin sospechar que en lo más hondo de su propio pueblo está prendiendo de nuevo la llama de la resistencia y se está dando cuerpo político a los anhelos de ese mismo pueblo que sabrá, a buen seguro, evitar esa caída en “libre” por el precipicio al cual nos han conducido y arrinconado.

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