La Respuesta

Toda agresión debe de encontrar una respuesta. Nos referimos a respuestas políticas consecuencia de agresiones que desbordan el ámbito de lo político y de lo racional para convertirse en hechos delictivos. Siendo la política la determinación del comportamiento por medio de la fuerza, esa respuesta política debe de ser organizada, sostenible en el tiempo y socialmente estructurada.

La violencia a la que somos sometidos como pueblo por parte del imperialismo constituye efectivamente un delito. Un delito contra la libre determinación de los pueblos, un atentado a la libertad.

En nuestro caso el problema radica en que hemos sido despojados de nuestra nacionalidad por medio del delito que supone invadir, ocupar y usurpar unos territorios contra todo derecho, cometer un genocidio contra los habitantes que los poblaban para a posteriori aterrorizar, colonizar y someter a los que escaparon, sustituyendo finalmente todas las estructuras de Estado que ese pueblo se había dado por las suyas y poder así expoliarlo y privarlo del elemento tractor que hace evolucionar a un pueblo: la libertad.

Clara muestra de todo ello la vamos a sufrir este mismo mes de junio, donde una vez más, una de las dos potencias ocupantes va a organizar unas elecciones desde todo punto de vista ilegales. Aquí es donde tenemos una herramienta que se convierte en arma para poder responder a esta agresión: la de considerarnos y demostrar por la vía de los hechos que somos ante todo miembros de un Estado. Si bien ocupado, realidad innegable, seguimos siendo miembros de ese Estado. Por lo cual no se puede llegar a entender que un Estado extranjero organice procesos electorales en los territorios de otro Estado. Ese debe de ser nuestro pensamiento político y por lo tanto nos debe de conducir a obrar en consecuencia, utilizando esa herramienta de la cual somos poseedores.

Acabar con los falsos debates sobre la política de fases, sobre tácticas que no lo son, sobre estrategias inexistentes que no son más que la de los enemigos, sobre apelar a  la “cintura política”y a la falsedad del posibilismo, sobre hablar de objetivos maximalistas si realmente consideramos que la situación política es la que estamos retratando en este artículo.

La respuesta debe de ser una respuesta de Estado porque lo somos y sólo si respondemos como tal lo demostraremos.

Estamos legitimados para ello porque la única legitimidad, digna de ese nombre, reside en el pueblo que estableció y conformó leyes y estamentos estatales propios. Que sepamos, no hemos renunciado ni contravenido nunca esa legitimidad.

La confrontación de Estado a Estado es la raíz de lo que el imperialismo llama “el problema vasco” y lo sigue siendo al día de hoy, el Estado nabarro confrontado a los dos Estados ocupantes.

Alguien se preguntará donde está el Estado nabarro. La respuesta es muy sencilla: en el seno de nuestro pueblo, los que nos consideramos miembros de ese Estado ocupado. Es por lo tanto un Estado emergente. A nosotros de reactivarlo de manera definitiva.

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