La independencia no es comodidad

Existe la cultura política, muy arraigada en el seno de nuestro pueblo, de considerar el logro de la independencia como algo que se dará en una situación de comodidad.

No se caracteriza en los términos exactos al que tenemos enfrente, considerando, en general, que caben posibilidades de arreglo, de acuerdo, de negociaciones, de pactos con dos sujetos que tienen como objetivo estratégico, permanente e invariable, hacernos desaparecer de la historia.

El buenísmo se ha instalado en nuestra actuación seudo-política del día a día. Nos escandalizamos ante las perpetuas agresiones a las que somos sometidos por parte del imperialismo. Nuestra capacidad de sorpresa no tiene limites ante un hecho tan lógico, esperar algo diferente del imperialismo demuestra, una vez más, que estamos instalados en la realidad de la Disney-fiction. Tiramos entonces del manual del victimismo, creyendo que ello nos dará resultados a nivel político y ablandaremos las conciencias y los corazones de los sujetos políticos europeos que nos rodean, los cuales, sí entienden a la perfección lo que es la política, y por lo tanto, desprecian a los pueblos débiles y llorones.

Nuestras vidas prosiguen, de manera impuesta y normalizadas, donde toda actividad de progreso en el campo de la economía lo revertimos, si inmutarnos, a las arcas de los agentes políticos que tienen como objetivo nuestra desaparición. Aprovechamos entonces los recovecos de tan infame actuación para mendigar parte de esos impuestos de guerra colonial, que los propios colonizados pagamos a los colonizadores. Para justificar esa “acción” de mendicidad, proclamamos que ese dinero es nuestro y así no crear contradicciones ideológicas y estratégicas a la hora de mendigarlo.

Si ese dinero es nuestro, por qué se lo entregamos? Y a quien se lo entregamos? Es más fácil obviar esa parte, renunciar a la resistencia, entregárselo primero, y luego reclamar las migajas, mientras ellos, los imperialistas, disponen de nuestros recursos económicos y podrán así seguir con la erosión, la agresión, la ocupación y el sometimiento.

Seguimos pensando que la independencia se conseguirá dentro de Francia y de España. Dentro de sus marcos legales. Ni tan siquiera nos planteamos, mentalmente, la posibilidad de reactivar un marco propio. Lo entendemos todo, y además nos alegrarnos de ello, como una posibilidad de cambio político. Desechando lo que significa la sustitución de su poder por el nuestro. Desechamos esa vía porque ni tan siquiera nos la planteamos. Quien no atisba en diferenciar entre cambiar el poder reinante y sustituir ese poder exógeno por un propio, debe de recorrer aún un proceso de descolonización mental, que mucho nos tememos, será de muy larga duración, o no…

El colmo de tal pensamiento se refleja, aún de manera más dramática, cuando tenemos los santos bemoles de pedir que se impliquen los dos Estados imperialistas en “la resolución del conflicto vasco”. Y tanto que se van a implicar… pero no en la dirección que los eternos e ilusos incautos pensaban.

Se ha puesto de moda lo de “la pluralidad”, donde los colonos y los colonizadores, los ocupados y los ocupantes tenemos que ir de la mano a un akelarre político sin precedentes, donde Amos y esclavos, por arte de magia, obtendrían un estatus de igualdad y donde de repente, no existirían dominantes y dominados.

El reality-show sigue su curso, dejando la actividad política de lado, por parte de los agredidos, en manos de los agresores que sabrán, a buen seguro, como emplearla para acabar con un pueblo desorientado e impotente ante la agresión criminal de semejantes delincuentes.

Se puede tener la tentación de echar la culpa, en exclusiva, a una “clase dirigente independentista” formateada por el imperialismo, mentalmente colonizada, acomplejada, asimilada, recuperada y finalmente convertida en punta de lanza de la dependencia. No sería, en todo caso, un análisis correcto del todo porque el propio pueblo no puede eximirse de su responsabilidad en mantener y alentar esa des-vanguardia popular, ese des-gobierno político, esa partida de colaboradores  del imperialismo que viven cómodamente y de manera normalizada del sufrimiento de su propio pueblo. Por qué no hay mayor sufrimiento y desgracia para un pueblo que el estar privado del elemento esencial que hace de él un sujeto pleno y poderoso: la libertad.

Review

User Rating

3 (2 Votes)

Summary

Score

2 Replies to "La independencia no es comodidad"

Dejanos tu opinión

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies