Es lo que conlleva el imperialismo

Es penoso, y a la vez desesperante, la capacidad de sorpresa que aún causan en nuestro pueblo los zarpazos continuos e invariables del imperialismo.

Las tropelías de la delincuencia imperialista organizada son todavía vistas como algo anómalo, como si su modo de actuar fuese algo novedoso a lo largo de toda su historia que empezó, en cuanto a nosotros respecta, con la invasión de nuestro Estado, raíz del conflicto político que padecemos desde hace más de ocho siglos.

Desmembración, ocupación, anexión, exterminio, agresión, bombardeo, incendio, ejecución, guerra, cárcel, tortura, secuestro, amenaza, coacción, destrucción racial-lingüística-cultural, expulsión, deportación, colonización, sustitución, inmersión, asimilación, liquidación, negación, humillación, división, separación, pillaje, extorsión, expoliación, violación, segregación, exclusión, redistribución, sumisión, intoxicación, regresión, falsificación, degradación, imposición, xenofobia, despotismo, absolutismo, subdesarrollo, persecución, autoritarismo, exaltación, revanchismo, criminalidad, indefensión, hambruna, asesinato, infanticidio, crueldad, terrorismo de masa y solución final son los ingredientes con los que han aderezado su pocilga culinaria para consumo y alimento del pueblo sometido y derrotado, hasta nuestros días.

Se hace por lo tanto insoportable esa tendencia que tenemos al tremendismo ante hechos consumados y por consumar, que son parte intrínseca del sistema imperialista de guerra y ocupación.

Sorprenderse y rasgarse las vestiduras ante las embestidas de un sujeto que se apoderó de todas las pertenencias de nuestro pueblo, previo exterminio de parte de nuestra población, denotan además del síndrome del colonizado, un guiño de complicidad por parte del agredido hacia el agresor.

Es dar a entender que el imperialismo no es lo que es.

Que el imperialismo puede llegar a tener y mostrar una cara amable, sólo es cuestión de no contrariarlo y mostrarse servil y agradecido por su presencia.

Que puede llegar a ser generoso y hasta beneficioso en ciertos aspectos y que debe ser respetado y considerado como un elemento más donde cabemos todos y donde debemos aprender a respetarnos los unos a los otros, acorde a las “diferentes sensibilidades que cohabitan” en nuestro paraíso terrenal.

De que su misión no es la de tenernos sometidos y asfixiados en un proceso de lenta desaparición.

De que sus reacciones, aún con un cierto grado de virulencia, van a menos, siendo un signo de normalidad para la convivencia en paz y libertad.

De que que la invasión de nuestro Estado se dio hace mucho tiempo y que quizás debiésemos aprender a convivir con ella y buscar puntos de encuentro con la delincuencia imperialista en vez de pensar en la confrontación, en la resistencia y en la defensa del derecho frente al delito.

Esta es la ideología patata podrida de la ocupación no violenta que nuestros “representantes políticos”, sin excepción alguna, se han tragado deliberadamente, con delicia, entera, cruda y sin pelar. Y lo que es peor, se la han echo tragar a buena parte de nuestro país.

Que nos produzcan conmoción, rechazo, rabia y preocupación los desmanes del imperialismo en nuestra tierras es algo lógico y comprensible.

De ahí a no entender en su dimensión política tal proceder es desconocer la característica del depredador que nuestro pueblo tiene enfrente y cuales son sus verdaderas intenciones con relación a nosotros en un futuro, que tiene planeado, no vea la luz.

Es además, dar por inexistente el segundo párrafo de este escrito dando el aval para que prescriban estos crímenes cometidos contra nuestro pueblo y así dar continuidad a la situación actual, basada en el delito.

No buscamos ni venganza ni resarcimientos, vamos a por la libertad.

La primera condición que debe darse para ello es la salida de nuestros territorios del imperialismo ocupante y colonial.

Restablecer entonces la legalidad, erradicando el delito del que fuimos victimas durante todo el periodo de ocupación.

Es cuando ofreceremos los frutos de la libertad no solamente a las siguientes generaciones, sino también, aunque sea sólo en forma de homenaje, a las que tuvieron que pasar por el horror aquí descrito en manos de los verdugos de este pueblo.

Ellos son el eslabón que nunca se rompió ni se perdió y que hizo posible la continuidad de la lucha por nuestra libertad, de la cual forman-formáis parte.

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