Elecciones libres en un País libre

¿Para cuando?

La elecciones ilegales convocadas por el imperialismo, más concretamente, por el funcionario ordinario de la Corona española en tierras “vascas” autodenominado lehendakari, están al caer. Quedará así refrendada y legitimada, con la aquiescencia de miles de “vascos” que se acercarán voluntariamente a las urnas de los invasores, la españolidad de parte de los territorios de la western nabarra.

Que nos expliquen los que dicen defender los derechos de este pueblo a su soberanía y libertad porque propugnan y alientan la concurrencia de nuestras gentes a unas elecciones ilegales, extranjeras e imperialistas. Simple y llanamente porque forman parte del vasto conglomerado indígena alineado y alienado con y por los aparatos de guerra de los Estados ocupantes.

El propulsar un ataque de tal magnitud contra su propio pueblo se convierte en algo más que una miserable colaboración con quienes nos tienen sometidos. Es enfrentarse directamente a los que denunciamos que éste es un Estado ocupado y por lo tanto, desde el momento que se enuncia que “es” un Estado, no puede ser, en consecuencia, una autonomía de otro Estado.

Ello demuestra con hechos que no sólo niegan la estatalidad de nuestro país ocupado sino que la combaten, siendo parte activa de una agresión contra nuestra soberanía desde el momento que violan nuestra integridad territorial colocando urnas extranjeras en territorios que no pertenecen al Estado “convocante” sino al Estado agredido y ocupado.

Nuestra derrota del año 1620, fecha de la anexión total de nuestro Estado por medio de la violencia más terrorífica que haya podido sufrir un pueblo, no supuso ni supone rendición alguna, ni la renuncia de considerarnos miembros de un Estado propio que por estar ocupado no significa que esté ni desaparecido, ni muerto.

Un mensaje incomodo para quienes niegan nuestra realidad y que les delata en toda su dimensión como agentes ideológicos y de facto del imperialismo.

El próximo día 25 de setiembre habrá que volver a activar la insurgencia frente a los ocupantes y sus secuaces autóctonos que se traduce en no acudir a sus urnas extranjeras. Una acción que conlleva un riesgo cero, por ahora, para los insurgentes, y que inflige una derrota en toda regla para el imperialismo, con el grave riesgo para ellos de que nos encontremos ante el desencadenante de una ofensiva de la resistencia estatal frente a la delincuencia imperialista organizada.

Es por lo tanto incomprensible que quienes entendemos lo aquí redactado nos vayamos a dividir de nuevo en dos bandos: los que legitimarán al Estado agresor acudiendo a sus urnas, dando por bueno que somos una autonomía de España y los que nos enfrentaremos a la ocupación no acudiendo a sus urnas delictivas porque nos consideramos miembros de un Estado que no se denomina España.

Es lo que nos jugamos. Si no para nosotros, sí para las futuras generaciones que conviven ya entre nosotros.

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