El avance imparable del imperialismo

El imperialismo hispano-francés goza de muy buena salud como bien hemos podido comprobar, cuando en el espacio de una semana (13 y 20 de diciembre), ha organizado sin ningún tipo de resistencia dos procesos electorales, desde todo punto de vista ilegales y delincuenciales, demostrando hasta que punto tiene dominado a todo un pueblo, victima del síndrome del colonizado.

El trastorno que altera, en este caso, la propia capacidad de un pueblo de reconocerse a sí mismo tiene su origen en un proceso escalonado y milimetricamente diseñado por dos cuerpos extraños, que de manera virulenta y con objetivos muy prefijados, han conseguido instalarse en el subconsciente del cuerpo atacado dando inicio a un proceso de destrucción total.

Existe sin embargo un potencial político que llama a la esperanza para contrarrestar este proceso de declive y deterioro. Atrás quedan las viejas recetas inoperativas provenientes del sabinianismo, encarnado tanto por la ideología jelkide como por la de la autodenominada izquierda abertzale.

Este nuevo potencial político tiene su origen en el paradigma de la estatalidad propia, es decir, en el paradigma nabarro.

En esa línea operan, al día de hoy, dos agentes ideológicos diferenciados y un tercero que ha ido haciendo dejación del planteamiento básico e inicial.

La tercera corriente aquí mencionada se ha escorado hacia un mensaje centrado en la identidad vasca y el ser vasco (euskal identitatea eta euskal izaera), teniendo como objetivo estratégico la organización de un Estado vasco (Euskal Estatua), dejando al margen la denominación legítima de ese Estado vasco. La denominación exacta del Estado que constituyeron los vascos no es una simple cuestión de apelativo sino que encierra un potencial político de primer orden porque añade nuevos elementos de índole política que permiten no solamente encajar el puzzle de nuestra silenciada realidad, sino también entender la raíz del conflicto, situando la solución de Estado a Estados  y acabar con el fraude de que somos una nación sin Estado, entre otras muchas cosas. Esta tercera corriente no visualiza la realidad del Estado que ya poseen, y por lo tanto, no necesitan nombrarlo.  No comunican a nuestro pueblo la verdadera identidad de nuestro Estado, es decir, el Estado Europeo de Nabarra, cima de nuestro proceso de institucionalización del poder político. La realidad jurídica y política del Estado no se improvisa, no surge de la nada, y menos cuando éste aún perdura porque así lo hemos decidido los que nos consideramos miembros de este Estado ocupado y temporalmente desactivado pero no desaparecido.

Ideológicamente, esta tercera corriente tiene sus puntos fuertes y sus acusadas debilidades en temas relacionados con la legitimización del poder ocupante donde nadan en un mar de contradicciones.  Además del elemento antes reseñado, donde lo repetimos, aparecen vías de agua por todos lados en esa embarcación, está su posicionamiento confuso con relación a las elecciones convocadas por los ocupantes en nuestros territorios. Ante ello, la mencionada corriente, no acierta en dar con una orientación adecuada, clara y concisa. Se empantanan en la abstención como modo de respuesta a esa agresión del imperialismo, cuando en realidad el abstenerse es entrar en la comodidad de las reglas del juego establecidas por los ocupantes y caer en la trampa que te imposibilita optar por la vía adecuada: la de la resistencia a la agresión dejando, efectivamente, sus urnas imperialistas vacías, a falta de no poder impedir que las coloquen por carecer, de momento, de fuerza suficiente.

Y a eso no se le llama abstención, se le llama insurrección.

No hacen un absoluto sobre la no participación en un sistema ilegal, como son las elecciones convocadas por unos delincuentes. No parecen calibrar la magnitud de lo que tienen en frente, es decir, unos auténticos depredadores cuyo único objetivo estratégico es hacernos desaparecer como pueblo, siendo las elecciones suyas uno de los instrumentos de vanguardia que utilizan para dicho cometido.

 

Ante ese objetivo estratégico que el imperialismo sí lo concibe como absoluto, porque así es, desde el momento que preparan la solución final: ¿la respuesta que se debe dar puede escapar del absoluto?

¿No es más bien una cuestión de reciprocidad, de legítima defensa y de supervivencia?

¿No creen en serio que nuestra desaparición esta programada por los aparatos de guerra del imperialismo?

La experiencia de más de cinco siglos ha demostrado que no solo esto es así sino que además los resultados se están empezando a ver.

La política en sí es una ciencia: dispone de sus propias reglas y éstas son absolutas, como herramientas de una obligada función. Quien no aplique esta lógica científica está condenado de antemano al fracaso político. Otra cosa es que se deba camuflar ese hecho (el arte de la política) revistiendolo de su correspondiente “armazón democrático” para justificar los medios que propician los fines y al revés.

El no entender esto le puede llevar a uno a acabar proclamando que no se puede hacer de la independencia un absoluto. Proclamación, por cierto, a la que ya han llegado los partidos  del paradigma aranista.

La segunda corriente que expone claramente su objetivo estratégico en base a la recuperación del Estado Europeo de Nabarra, ha entrado de lleno y de manera incomprensible, en el mismo campo del enemigo participando directamente de su montaje institucional e ilegal dentro de nuestras fronteras.

La necesidad de conseguir un altavoz que llegue a parte de nuestro pueblo, con sus evidentes limitaciones, para transmitir la idea fuerza de la recuperación de la estatalidad nabarra, le ha podido inducir a tomar esa errónea decisión.

El precio a pagar es demasiado alto, véase inaceptable. Se trata, aquí también, de una inmadurez política de graves consecuencias.

Si se trata de recuperar el Estado habrá que actuar con mentalidad de Estado. El Estado es fuerza y determinación propia (autodeterminación), cuya actuación sólo puede darse dentro de una centralidad propia, entendida en el empleo de todos los recursos como propios, nunca prestados, y menos por los que que tienen como objetivo estratégico hacernos desaparecer. Si hay que transmitir nuestro mensaje, cosa evidente, habrá que hacerlo con nuestros propios medios. Es una vía más lenta y más costosa pero la que a la postre conseguirá resultados más sólidos y eficientes. Salirnos de la colonización mental será un objetivo imposible si lanzamos a nuestras gentes a las garras del opresor. Es precisamente todo lo contrario de lo que hay que hacer. Nuestros altavoces los tenemos que crear fuera de ese marco y de ese contexto. Debemos tener como máxima política, en este asunto, que el enemigo nunca pondrá un instrumento suyo en nuestras manos para poder así debilitarlo y menos aún para poder vencerlo.

La primera de esas corrientes sitúa, combina y establece de manera acertada y en su justa medida su análisis sobre el elemento fuerza y el aspecto ideológico. Si bien, en lo que respecta a la ideología el trabajo debe de ser constante, ampliado con el máximo de aportaciones y profundizado, teniendo en cuenta los cinco siglos de colonización al que hemos sido sometidos y sus dramáticos efectos que todo ello ha generado.

Esta primera corriente tiene su flanco más débil en cuanto a recursos humanos, de infraestructura y económicos. Si bien estas serias deficiencias son extensibles también a las dos anteriores corrientes. Nada que con tiempo y trabajo no se pueda solucionar aún a sabiendas que la acumulación de fuerzas es un elemento ineludible e imprescindible para poder adentrarse en la acción política.

No se vislumbra, en estos momentos, una posibilidad de acción política conjunta entre esas dos primeras corrientes aquí mencionadas y menos aún con la tercera de ellas, debido a las diferencias en los aspectos tácticos y también estratégicos entre todas ellas.

Es una cuestión de tiempos, de análisis político, de esfuerzo, de prioridades, de confianza y de coherencia estratégica pero cuidado: los procesos de emancipación estatal o se acaban con éxito o si perduran, sucumben al poder de lo establecido.

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