El Aranismo, colapsó.

El artículo “El nacionalismo vasco ha entrado en vía muerta” de Alots Gezurraga, publicado en nuestro anterior número, ha suscitado un intenso debate en las redes sociales con opiniones favorables y contrarias al contenido del mencionado escrito.

Ante todo, congratularnos por la energía que se desprende de estos debates, así como constatar que parte de nuestro pueblo está aún en vilo y dispuesto a librar batallas en lo que a política se refiere.

Desde este medio de comunicación no vamos a rehuir el debate y al igual que siempre, tomamos parte con quién pensamos está en lo cierto.

En este caso suscribimos totalmente y de paso, felicitamos a Alots por lo acertado y coherente que nos ha parecido su crónica, desde un punto de vista estrictamente político.

Entendemos también que existen la inteligencia emocional y la inteligencia racional. Debido a ello, hay quienes se han sentido dolidos por lo que consideran ataques a sectores de nuestro pueblo que consideran se han sacrificado en la lucha por la libertad de nuestro país.

Con todo nuestro respeto hacia esas gentes que así piensan, nosotros opinamos que cometen el error de caer en valoraciones morales que les impiden caracterizar el componente racional que encierra la política. Nos guste o no, la política se mide en base a resultados, cimentados éstos sobre la razón de la fuerza y no al revés.

¿El voluntarismo y el sacrificio son acaso componentes que integren de por sí un fundamento político de índole estratégico?

Pensamos que no. Cierto que sin voluntad, sin compromiso y sin sacrifico, difícilmente se puede reorganizar la resistencia frente al imperialismo. Con lo cual, esos atributos son necesarios, ahora bien, hay que implementarlos con actividades que conformen el bagaje político e ideológico que nos puedan conducir a la meta diseñada.

El aranismo, cuyos valores e ideología han sido compañeros de viaje tanto del jelkismo como de sus sucesores, la autodenominada izquierda abertzale, no ha sabido salirse de la lógica del enemigo.

Con una raíz políticamente desviada con relación a nuestro proceso histórico y político, donde se oculta y se hace dejación de la estatalidad propia, niegan por consiguiente la realidad de que somos un Estado invadido y no una nación sin Estado, un pueblo que, según ellos, nunca culminó su proceso de institucionalización de su poder político a su máximo nivel.

De ahí que el pacto con el que consideran que es el único Estado (cualquiera de los dos que nos ocupan) es la única salida que contemplan.

Al negar nuestra condición de Estado ocupado, aceptan y alimentan la idea de nuestra inferioridad política y de nuestra falta de legitimidad frente al imperialismo.

Nos condenan, como ente político inferior, a tener que buscar una negociación con un ente estatal al cual, según la lógica y la práctica del aranismo, perteneceríamos, y por consiguiente, le deberíamos de pedir permiso para iniciar una andadura “nueva” y separada de ellos, que al parecer, nunca transitamos.

Cuando la realidad es que nos elevamos en Estado soberano cuando ellos no existían como tal e ironías de la vida y de la historia, lo constituyeron fruto de un fratricidio elevado a magnicidio cometido por un líder “nuestro” que desertó, traicionó y se elevó a la jefatura del Estado hasta entonces inexistente y que al día de hoy nos tiene ocupados, dominados y colonizados.

El carácter y origen delincuencial del imperialismo no tiene desperdicio.

Todo ello deriva en la perdida de la autoestima política por parte del pueblo sometido y derrotado. Acomplejado, atemorizado y paralizado, obediente y sumiso, donde el auto-odio sustituye la capacidad de acción y desarrollo de mentes libres, convirtiéndose en germen de enfrentamientos, desunión y luchas fratricidas.

Un simple vistazo, por poner un ejemplo, en lo que ha quedado el mapa territorial que preconiza el aranismo, vale más que mil palabras. Quedan bien reflejados la dejación y el entreguismo de una corriente acipayada que deja fuera del ámbito estatal propio a la mayoría de nuestros territorios y se queda con una pequeña parte de ellos, reducido a lo que ellos llaman zazpiak-bat, para satisfacción de los dos Estados invasores que contemplan como poco a poco vamos siendo borrados de la historia sin ofrecer a penas resistencia.

En este aspecto también, el auto-odio llega a niveles insospechados cuando los propios ocupados defienden con vehemencia la partición de su Estado y su reducción territorial debido a un proceso de colonización mental, acomplejamiento y desideologización sin precedentes en toda nuestra historia.

Afortunadamente, en lo político también, las situaciones son cíclicas.

Colapsaron y lo saben.

El presente es la reactivación del Estado europeo de Nabarra y ello no tiene ya vuelta atrás.

Se trata solamente de una cuestión de tiempo, el que tardemos en lograr la acumulación de fuerzas necesarias en esa dirección, porque en su aspecto ideológico, la batalla, hace tiempo que está ganada y ni lo más fervorosos defensores del aranismo aguantan un sólo embate ante esta idea fuerza. Es por ello que la silencian y la rehuyen como de la peste.

Entrar en la arena, para ellos, sería quedar despojados de toda legitimidad y ser descubiertos en su labor de muro de contención, diseñado por  las potencias ocupantes, frente a las ansias de libertad de todo un pueblo.

Así todo, intentarán por todos los medios (los que el imperialismo les seguirá poniendo a su disposición) mantener el grado de colonización de nuestro razonamiento político y ampliarlo más si cabe.

Pero como muy bien apunta Alots, al final de su artículo: “Todos ellos (se refiere a esos medios) no son más que trucos de ilusionista que les permite ganar tiempo para no abordar la cuestión nacional de fondo: la expulsión del imperialismo del Estado baskón de Nabarra”.

1 Reply to "El Aranismo, colapsó."

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    IÑAKI Arana Diciembre 8, 2016 (2:47 am)

    Oso onda nunca mejor explicado
    Aranismo-= Nacionalismo Vasco ortodoxo JELpean

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