Contrastes

Con motivo de la celebración de un partido de fútbol, que sólo puede ser amistoso, entre las “selecciones” de Euskadi (sic) y Corsica, celebrado en el mes de Mayo en Ajacciu, lo presenciado antes del pitido inicial fue cuanto menos impactante.

Nos referimos al momento en que sonaron los “respectivos” himnos de cada equipo.

Los componentes de la auto-denominada selección de Euskadi escuchaban “su” himno (el “Gora ta Gora”??) sin ningún tipo de expresividad, como que la cosa no iba con ellos y dando la impresión de estar impacientes por que acabase esa sucesión de sonidos.

En cambio, el combinado corso al oír su himno se agarraron los unos a los otros y lo cantaron al unisono hechos una piña y con un ardor que contrastaba de lleno con la indolencia y la desidia que emanaban del equipo, de la nación, invitada para tal evento.

Este hecho no es algo anecdótico sino que muestra la realidad que atraviesa nuestro pueblo, independientemente del grado de compromiso o no de los jugadores que estuvieron representando a ese pueblo.

Se plasmó la imagen de la deriva de un pueblo aturdido, sin referencias, ausente y desorientado que busca aún su denominación, su bandera, su territorio, su himno, su expresión política…

Sin embargo, en el lado corso, a pesar de estar en nuestra misma situación en cuanto a la opresión, colonización y ocupación de sus territorios, pudimos visualizar una imagen de unidad, de presencia, constatar el grado de determinación y de pertenencia al grupo, a su nación.

Lo visto en Ajacciu fue un fiel reflejo de nuestra realidad política en la cual los que no nos sentimos ni franceses ni españoles no sabemos definir ni acordar cual es el nombre de nuestra nación, de nuestro Estado, cual es nuestra historia, nuestra bandera, nuestro himno, nuestra ciudadanía, nuestro marco territorial.

Partiendo de esta triste realidad se nos hace aún más complicado conseguir la unidad estratégica que necesitamos en el campo de la política para avanzar como pueblo.

Debemos actuar para vencer al gran obstáculo que se ha interpuesto en nuestro camino hacia la libertad y que se llama colonización mental.

Para ello tendremos que poner a nuestro alcance y utilizar un arma que también tiene nombre: la recuperación de la razón política.

Ello nos llevará a aumentar las actuales bajas cuotas de poder que aún disponemos como pueblo para ejercer y por consiguiente, incrementarlas en nuestro activo para re-constituirnos como sujeto político.

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