¿Alíados a la vista?

Abrieron las portadas de prensa el 04 de octubre de 2016 tanto en Francia, España como en Nabarra con titulares que anunciaban una demostración de fuerza de bombarderos rusos a la altura de nuestras costas.

La noticia hacía referencia a la aproximación, el día 22 de setiembre de 2016, de dos bombarderos Túpolev-160 con capacidad de transportar 25 misiles de largo alcance cada uno a velocidad supersónica y considerados bombarderos estratégicos, a nuestras  costas, dando media vuelta a la altura de la ciudad nabarra de Bilbo.

Para ello, atravesaron varios “espacios aéreos”, saliendoles al paso, tanto cazas noruegos, como ingleses, franceses y españoles sin que los bombarderos rusos se inmutasen, dejando tras ellos un reguero de plañideras y discursos quejicas provenientes de esos Estados, exceptuando Noruega, que tan prepotentes se muestran con los pueblos débiles y son sin embargo ninguneados por un Estado que se sabe muy superior a ellos tanto en el plano político como militar.

Con la que está cayendo en el “conflicto” ucraniano, donde Europa dio un golpe de Estado para desalojar a un presidente pro-ruso para poner a uno suyo, desde este medio de comunicación nos preguntamos si nadie se ha planteado que desde Rusia verían con muy buenos ojos la posibilidad de devolver el golpe a Europa desde el mismo territorio europeo, donde a algún Estado ocupado por potencias europeas le convendría entablar contactos para explorar la posibilidad de un apoyo ruso para restablecer el orden internacional.

Evidentemente, hablamos de nuestro Estado, Nabarra, donde tal posibilidad no ha sido ni tan siquiera sugerida ni valorada por nadie, que sepamos.

Una de las condiciones políticas que se debe de cumplir para tal cometido es que al posible aliado le convenga tal escenario y a la vista está, que ante la extrema tensión que se está viviendo entre Europa y Rusia, cuyos niveles van en aumento, ésta sería una baza que el Estado ruso, a priori, no desdeñaría.

Añadir, que todo se juega en momentos puntuales y en un espacio de tiempo muy concreto y que si la actual situación de hostilidad entre Europa y Rusia desapareciese, el interés de Rusia en entrar en lo anteriormente descrito desaparecería también. Nadie da algo a cambio de nada.

Otra condición que se debe de dar es que el pueblo de ese Estado ocupado, no solamente sea consciente de su situación de ocupado sino que además actúe y se comporte como tal, y ahí, es verdad, tenemos un serio problema… Nada ni nadie va a tejer complicidades con un pueblo que previamente no haya exigido firmemente su voluntad emancipadora y haya demostrado su capacidad política para combatir a la delincuencia imperialista organizada.

Los “abanderados” de la independencia, nos referimos a los partidos autodenominados nacionalistas o independentistas, con todos los recursos económicos, materiales y humanos de que disponen, no han empleado ni emplearán ninguno de ellos para dicha tarea: la de explorar y trabajar vías de alianzas reales, es decir, políticas. Su condición de correa de transmisión de las ideas del imperialismo y su participación activa en la gestión del colonialismo se lo impiden. Es por ello que prefieren pasearse por el mundo dando lástima y escenificando lo malo que son nuestros opresores, realizando contactos únicamente con estamentos y entidades extranjeras que ni pinchan ni cortan en el concierto internacional de los Estados.

Como ejemplo de lo que se hubiera podido hacer, y claro, ni se hizo ni a nadie parece que se le ocurrió, sacamos a relucir aquí como hace a penas año y medio con el motivo de la conmemoración del 70 aniversario de la derrota nazi en Europa se celebró el acto de mayor envergadura en cuanto a conmemoraciones se refiere de toda la historia, consistente en un desfile militar en el que hubieran tenido que participar todas las fuerzas “aliadas” que derrotaron a la Alemania de Hitler, todas ellas invitadas,  y que se celebraba en Moscú.

Pues bien, debido al conflicto de Ucrania, ningún Estado europeo envió representación alguna a dicho evento.

Ante la falta de estrategia política, de preparación y de dedicación a la restauración de nuestro Estado por parte de todos nosotros, nos encontramos con que carecíamos, y seguimos careciendo, de una Autoridad estatal en aquellos momentos  para haber diseñado, consensuado y ejecutado una acción que hubiera tenido un efecto político de incalculables consecuencias y posiblemente convertirse en un revulsivo sin precedentes: haber consensuado nuestra presencia con el Estado convocante a dicho acto anunciándole nuestra participación en ese evento en calidad de Estado europeo y de que nuestra representación fuese considerada como la del gobierno provisional de Nabarra. Hubiese sido el único Estado europeo, junto a los anfitriones, presentes en dicha conmemoración.

Todo ello, por supuesto, políticamente bien amenizado con meses, ver años, de antelación en la preparación de un golpe de ése calibre.

Para ello, previamente teníamos que tener los deberes hechos en el interior y tener preparadas las condiciones políticas que forzasen a dicha situación.

Pues no. Seguimos y parece que seguiremos en Babia, gestionando el buen ritmo del régimen colonial, que debe de ser lo nuestro, donde en ese terreno somos imbatibles.

Es por ello, que de momento, difícilmente alguien se nos querrá acercar.

¿Cómo acercarse en el mundo de la política, a un ente que no sea y ni tan siquiera entreve la posibilidad de ser un sujeto político? Que despide por su poros la debilidad, el síndrome del colonizado, ausente y desnortado en lo que a la política se refiere.

Es por ello, que la imagen de los dos bombarderos acercándose a las costas nabarras, es como sacada de una visión imaginaria y que una vez desaparecida, volvemos al triste presente donde los imperialistas y sus colaboradores locales nos demuestran a las claras que con respecto a dicho episodio todo parecido con la realidad es una ficción.

Pero así todo, ahí queda el guión, por si surge en este país un movimiento de inflexión acompasado de una auténtica dirección política.

Lo relevante no son los actores en sí, sino el escenario adecuado, en el momento adecuado y en las condiciones políticas adecuadas. Seguro que volverán a presentarse las oportunidades.

Las victorias son para los que sepan esperar, siempre y cuando esa espera esté basada y compuesta de actuaciones políticas concretas, incesantes e hilvanadas dentro de una estrategia política.

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