A lo que decimos si y a lo que decimos no

La resistencia a la ocupación implica una serie de principios y una base ideológica sobre las cuales deben sustentarse las futuras actuaciones políticas que tengan como fin enfrentarse al imperialismo desde una operatividad estratégica.

Visto que la unidad de todos los que nos sentimos ocupados debe de ser condición necesaria para la acumulación de fuerzas que delimiten los objetivos políticos alcanzables en cada momento, ésta sólo se puede dar dentro de un consenso a nivel estratégico entre todos nosotros, para poder así conformar el sujeto político.

Sólo la modificación estratégica de la relación de fuerzas constituye la realidad del progreso político. Ninguna ventaja parcial, temporal o formal justifican el abandono de los medios y posiciones políticos fundamentales y estratégicos de que un pueblo dispone. Las opciones tácticas sólo existen en el planteamiento estratégico y desaparecen con la ruina de éste.

Es por ello que no podemos tener de compañeros de viaje a personas, colectivos u organizaciones que:

-nieguen nuestra situación de pueblo ocupado, de territorios ocupados, de Estado ocupado.

-silencien y oculten la realidad de nuestro Estado, Nabarra, llegando a no nombrarlo y sustituyendo su denominación por otras que nunca han logrado constituir la cima de nuestro proceso de institucionalización del poder político que erigió y se dio este pueblo para sí.

-legitimen y refuercen las instituciones del ocupante integrándose dentro de ellas y a la vez, alienten a nuestro pueblo para que alimente ese entramado.

-pongan en duda nuestra existencia, con trucos de ilusionistas como el derecho a decidir, que no conduce a la independencia sino que es la independencia la que otorga el derecho a decidir.

-concedan legitimidad al agresor frente al agredido.

-renuncien a la recuperación de todos los territorios que conformaron el Estado.

-consideren como miembros de este pueblo a quienes se posicionan y actúan en contra de su libertad y se alinean con otra mayoría, la del imperialismo ocupante.

-consideren fuente de pluralidad y bien estar democrático la actual situación de ocupación.

Iremos de la mano de quienes:

-consideren que nuestro primer problema social es nuestro problema nacional: la ocupación, colonización y partición de nuestro Estado, Nabarra.

-consideren al imperialismo como delito y no contemplen otra salida que combatirlo hasta su erradicación.

-actúen al margen de las leyes, instituciones, administración y ordenamiento económico emanados de los Estados ocupantes, que conforman la delincuencia imperialista organizada.

-interioricen que ninguna otra forma de estructuración política a la sombra de un Estado que no sea el nuestro debe aceptarse, ni siquiera como paso intermedio.

-consideren sin excepción alguna, a todos los partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales afines a ellos que operan en nuestros territorios como obstáculos en el camino de la reactivación de nuestro Estado y cómplices del imperialismo, con lo que ello implica: convertirse también en delincuentes.

-trabajen por impulsar un gobierno provisional que conduzca la resistencia en el proceso de reinstauración de nuestra estatalidad.

-reconozcan a ese gobierno provisional como única autoridad nacional, siendo parte activa de las orientaciones que provengan de él y se sientan representados por él tanto en el interior como en el exterior de nuestras fronteras.

-se comprometan a ser los garantes de unas leyes que entre todos nos tendremos que dar.

-tengan como prioridad la expulsión del imperialismo y los imperialistas de nuestros territorios.

-tengan claro que la independencia ni se vota ni se pone en entredicho sino que se ejerce sin pedir permiso a nadie.

No vale, por lo tanto, abrazarse a todo lo que contenga el sí, para a renglón seguido continuar actuando bajo los parámetros del no.

Si asumimos que debemos alejarnos del punto “i” (imperialismo) para situarnos en el punto “p” (partida) con vistas a preparar las actuaciones que nos lleven hacia el punto “l” (libertad), lo que no podemos hacer es poner rumbo hacia el “i” y hacer como si nos dirigiésemos al punto “l”.

Eso, en política, tiene un nombre: corrupción.

 

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