La actuación política. Estrategia

Euskadi: Aproximación Política
Kanpezu 1991.7.27
El grupo social se convierte en sujeto político cuando hace uso de su potencia en función de los fines que persigue. A la planificación del modelo concreto de acción que ha de emprender dicho agente en una etapa determinada, teniendo en cuenta los fines que pretende y los medios de que dispone, suele denominársele estrategia.
Los estrategas o dirigentes políticos del grupo son los que dominan el arte y/o la ciencia de la óptima utilización de la potencia disponible, trazando para cada etapa histórica por la que atraviesa el grupo social que lideran el cómo, el cuándo y el dónde debe utilizarse dicha potencia así como los objetivos que
pueden alcanzarse en esa etapa habida cuenta de la correlación de fuerzas en presencia.
Una estrategia define claramente un sujeto en el ámbito de la política; establece sus objetivos para un período de tiempo más o menos largo; clasifica al resto de las fuerzas políticas en coincidentes u opuestas -determinando además el grado de coincidencia u oposición- con sus objetivos específicos; planea la conveniente distribución de los recursos propios en función de aquéllos y señala, como ya dijimos, el cómo, el cuándo y el dónde debe asestarse el golpe definitivo que puede doblegar eficazmente la voluntad del adversario.
En la etapa inmediatamente precedente, el objetivo estratégico para el pueblo vasco se podía haber resumido en el restablecimiento inmediato del gobiemo autónomo a la caída o la desaparición del régimen franquista, antes de cualquier clase de participación en las instituciones o la política general del Estado. Dicho objetivo político era parte ineludible de una modificación real de la relación de fuerzas vigente en sentido democrático y su defensa nos hubiera constituido ipso facto en sujeto político y situado en el ámbito propio de la confrontación y la negociación políticas.
Si el grupo social controla o posee la voluntad y los recursos suficientes para hacer oir su voz de modo efectivo en cualquier centro de decisión política, pero no los utiliza refleja o razonablemente, puede decirse que carece de estrategia y mientras permanece en tal situación no es todavía un sujeto político. En realidad no sabe qué hacer con sus propias energías. Es un puro objeto estratégico que, víctima de un estéril espontaneismo, padece, sin embargo, negativamente, las consecuencias de la estrategia de sus enemigos que tenderán a debilitarlo progresivamente a fin de que en el futuro ni siquiera goce, por carecer de fuerza para ello, dela posibilidad de convertirse en sujeto político y de ocupar así un lugar en la historia.
En tales circunstancias sus actividades de toda índole dependen casi exclusivamente de fuerzas externas que lo movilizan y desmovilizan a capricho, incapaz como es de concebir objetivos y programas propios y de llevarlos a la práctica. Puede dar todavía la impresión de que se mueve sua esponte, pero en realidad le han sido señalados desde fuera la meta, los cauces y los procedimientos. Cuando este proceso culmina, la integración more totalitario objetivo básico y esencial del adversario en todos los conflictos políticos desde la aparición del Estado, se ha producido y la disputa, si aún se manifiesta en algún otro ámbito, ha dejado ya de tener expresión política.
Es la vía por la que transita nuestro país y, por desgracia conduce inexorablemente a un único destino: su extinción. Fijar, pues, la estrategia general y las posibles tácticas a tenor de las circunstancias que un grupo social -el pueblo vasco, en este caso- debe seguir a corto, medio y largo plazo, es una tarea tan difícil como ineludible. Que las masas populares se identifiquen con ella es igualmente imprescindible. Sólo la fusión de estos dos requisitos objetivo y subjetivo constituyen o conforman al sujeto político como tal.
La existencia de tal sujeto es la garantía de la conservación de la identidad de un grupo social determinado. El abandono del ámbito político, es decir, del campo donde tiene lugar por definición la confrontación y la negociación políticas, conduce inexorablemente a la desaparición del grupo social que por uno u otro motivo comete tal error. Solamente la superación general de la política y su sustitución por otro orden de relaciones a nivel universal haria posible la esperanza para los grupos que carecen de fuerza o renuncian voluntariamente a utilizarla. Pero tal posibilidad no se vislumbra en el horizonte. Por lo que a los pueblos que adecúan su comportamiento a tal ilusión habría que recordarles lo que Dante
dijo refiriéndose a los que atravesaban el umbral del infiemo: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate!”
Itzaga

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