Decidir. ¿Qué y para qué?

Josemari Unzeta Unsain
Libertate Nafarra 2016/01/12
 Anteayer supimos que la iniciativa a favor del Derecho a Decidir Gure Esku Dago ha emprendido una campaña de captación de socios. La puesta de largo de la propuesta del colectivo, encabezada por una de sus cabezas visibles, Zelai Nikolas, coincidió en el tiempo con el anuncio del acuerdo de investidura entre CDC y la CUP.
Alcanzar un pacto de gobierno que permitiera erigir un ejecutivo profesional que sirva de cauce a la desconexión con España se había convertido en un escollo casi insalvable. Por otro lado, hoy en Diario Vasco escuchamos al lehendakari Iñigo Urkullu hablar de acuerdo como opción preferente frente a la elaboración de una hoja de ruta hacia la independencia de Navarra.

La antaño rezagada Catalunya se ha convertido en la punta de lanza del soberanismo en Europa Occidental, hasta el punto de que la pujanza de Òmnium Cultural, ANC y, evidentemente, los líderes políticos que empujan con audacia a favor de la independencia catalana deja descolocadas y en el vagón de cola del soberanismo a las dos grandes  formaciones políticas de Navarra: por un lado, EH Bildu, desorientada ante su batacazo electoral y sobrepasada por un Podemos que incide en lo social y hace del “derecho-a-decidir-sobre- todo” su bandera; y, por otro, Geroa Bai-PNV, más autotocomplaciente que nunca y que, renunciando directamente a la ruptura con España y Francia, se enfanga en el pactismo que, como la historia ha sabido demostrar, conduce a Navarra a un callejón sin salida.

Es en ese marco donde surge la última iniciativa de Gure Esku Dago, que de modo machacón insiste en la importancia de decidir. Ante su insistencia, conviene pensar qué es lo que hay que decidir. En un país sin Estado o, dicho de otro modo, en una hipotética Euskal Herria hecha de ciudadanos vascos que, como los saharauis, nunca dispusieron de un entramado jurídico-político construido sobre una base sociocultural previamente existente, cabría pensar en un derecho a decidir. Semejante prerrogativa debería gozar del apoyo de una sociedad que desea dotarse de un marco jurídico-político que vehicule sus aspiraciones como pueblo.

Considero a quienes hoy en día integran las filas de Gure Esku Dago personas formadas y cultas que, por lo menos, conocen la historia de Navarra lo suficiente como para comprender que las decisiones las tomamos ya hace siglos. Allá por 778, los vascones derrotan a Carlomagno en la Batalla de Roncesvalles y algunos años después, en 824, comandados por su rey, Eneko Arista, responde ante los intentos francos por ejercer su supremacía en nuestra tierra y vence en la Batalla de Orreaga, convirtiéndose de facto en Rey de Pamplona. Y así fue bautizado nuestro Estado hasta que el rey Sancho VI decidió proclamarse Rey de Navarra. Desde entonces, Navarra no ha dejado de decidir en materias tan importantes como su organización estatal –dotándose de hacienda propia, Cámara de Comptos, tribunales propios, Fuero General…–, al tiempo que enfrentaba con coraje los denodados intentos de los Reinos de Castilla, Aragón y Francia por neutralizar su soberanía en su calidad de estado independiente. Cada batalla enfrentada, cada acto de duelo por cada rey asesinado y, en general, por cada acto represivo, ¿acaso no fueron también actos de autoafirmación? Porque decidir es autoafirmarse, sin duda, hasta el punto de llegar a entablar la Guerra de Navarra, contienda que mantuvo en vilo a nuestro país durante más de diez años, en encarnizada lucha contra el que probablemente era el ejército mejor preparado del mundo en el siglo XVI.

Cada tentativa por recuperar la independencia perdida en 1620; cada intento por mantener a flote los resquicios de la primigenia soberanía a través de la salvaguarda de los Fueros; cada esfuerzo por hermanar los territorios de Hegoalde en una unidad jurídico política; y cada minuto empleado en la recuperación de nuestra memoria histórica y de nuestra lingua navarrorum… ¿qué son, sino ejercicios conscientes de nuestros derechos como navarros? He ahí el verdadero «para qué» del derecho a decidir: para ser lo que somos.

La pregunta que surge al instante es: ¿Qué necesidad hay de decidir si no es para volver a ser lo que fuimos? Decidir, sobre el papel, nos remite a varias posibilidades o vías y a la necesidad de elegir una para desechar las demás. ¿Cabe la posibilidad –en nuestro sano juicio– de animar a un águila a que decida ser águila o ser sólo ave de corral? Ese águila nos respondería: no hay necesidad de decidir nada, pues águila soy y águila quiero seguir siendo.

En Navarra, decidir no debe nunca remitirnos a optar entre ser lo que somos o dejar de serlo para  ser algo distinto. En Navarra, decidir debe llevarnos a empoderarnos para recuperar lo que nos pertenece por derecho. He ahí la única decisión digna que nuestro país puede emprender. Lo que, en realidad, nos propone Gure Esku Dago, al igual que cualesquiera colectivos que nos llaman a decidir, es humo y nada más que humo.

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