Nabarra el punto de partida.

LA INDEPENDENCIA TIENE COMO PUNTO DE PARTIDA EL ESTADO EUROPEO DE

NABARRA.

Decía Arthur Schopenhauer, filósofo alemán (1788­1860), que toda verdad pasa por tres estadios: primero es ridiculizada, luego es afanosamente combatida y al fin es reconocida como la que fué siempre evidente.

La independencia debe de ser y de hecho, es, algo más que un anhelo y unas ansias de libertad. Un pueblo consciente de su situación de ocupado y dominado por el imperialismo debe dar respuesta a ese estado de cosas organizando y desarrollando su actividad política con un único objetivo estratégico: la recuperación de la máxima institución de su poder político, es decir, su

Estado propio. Ente, en nuestro caso, del que fuimos poseedores y nos fué arrebatado por medio de un proceso de violencia extrema que desembocó en invasión, ocupación y sometimiento, que dura hasta la fecha de hoy.

Por que a los problemas reales sólo se les puede dar respuestas globales y no parciales. Para ello tendremos que divisar la realidad y poder entender el hecho de que todavía existamos como pueblo. No es una casualidad, ni tampoco debido a una numantina defensa de nuestro ser y de nuestra idiosincrasia, así, sin más. Hemos llegado hasta aquí porque previamente tuvimos la capacidad como pueblo de erigir un sistema de auto­defensa elevado al máximo nivel político, el Estado. Un Estado que perduró en plena actividad durante 796 años (824­1620), a pesar de las sucesivas embestidas criminales del imperialismo franco­castellano­español y bajo la supervisión del Vaticano, que nos fueron arrebatando territorio tras territorio durante todo ese tiempo hasta la ocupación total y desactivación completa de nuestra estatalidad. Desactivada pero no desaparecida.

Esa auto­defensa consistió en preservar y desarrolar en el tiempo todos los rasgos y elementos comunes que como pueblo necesitabamos y seguimos necesitando en el campo de la identidad, de la cultura, de la lengua, del derecho propio (anterior al románico y el germánico), de la economía, de la organización social, de la defensa, de la educación, de la ideología, de la sanidad, de la religión (para nuestra desgracia) y de nuestra expresión política.

Para obrar en la dirección correcta con el fin de re­constituirnos como Estado soberano, quedan atrás las viejas recetas inoperativas provenientes del paradigma diseñado por el sabiniasnismo y encarnado tanto por los jelkides como por la auto­denominada izquierda abertzale. Ese paradigma se basó en fabulaciones y sin ninguna clase de rigor histórico, ideológicamente denunciable, donde se escondía la realidad de la estatalidad propia y se aducía al pactismo como solución a nuestro problema nacional, y así acabaron, recuperados e integrados dentro del sistema político y juridíco del ocupante, convirtiendose en parte activa de él.

Afortunadamente está resurgiendo en el país una nueva cultura política que situa el problema nacional en el cual nos han metido en su justo contexto. Un resurgir que está creciendo y recibiendo cada día más y más adhesiones, a pesar de ser silenciado con todos los medios por parte de los servicios auxiliares autóctonos del imperialismo ,a los que no les interesa para nada que esta nueva cultura política se extienda, pero que poco podrán hacer para impedirlo porque los rescoldos de nuestra estatalidad han vuelto a prender y el incendio, de vastas proporciones, amenaza con acabar con la alineación mental, con la colonización de nuestro pueblo, con la auto­vergüenza, con el auto­odio, con la auto­violencia, con el tremendismo, con el victimismo, con el infantilismo político, con el acomplejamiento, con la sumisión y la dejación.

Esta nueva cultura política tiene como base la reactivación del Estado Europeo de Nabarra. Parte desde la proclamación de que somos un Estado ocupado y no una nación sin Estado. El buen analista político sabrá apreciar la diferencia enorme entre las dos concepciones y sus posteriores consecuencias. El conflicto franco­español en tierras vascas implica a tres Estados: Francia, España y Nabarra. Es un problema internacional.

De un plumazo hemos borrado la falacia del derecho a decidir: somos un Estado, no hay nada que decidir ni poner en entredicho. No existe otra salida que no sea la desocupación de los territorios del Estado por parte de los dos Estados que nos invadieron contra todo derecho.

Mantenemos la posición y sabemos por donde iniciar la ofensiva, así como a donde nos tiene que llevar la acción política. Todo ello porque existe el único elemento imprescindible para ello: existe pueblo.

Además de haber pueblo, hay también los suficientes mimbres ideológicos para iniciar la ofensiva. Los resumiremos de manera sintética en unos cuantos puntos, a nuestro entender, importantes: desalineación mental, lucidez estratégica, rapidez de adaptación, reacción e iniciativa, capacidad sorpresiva, articulación operacional de nuestra virtualidad asociativa, reactivación de nuestros propios órganos de gobierno y actuar como una nación independiente.

El pasado nos marca nuestro presente y condiciona nuestro futuro: Nabar Estatua da independentziaren abiapuntua.

1 Reply to "Nabarra el punto de partida."

  • comment-avatar
    Leire Saitua Iribar marzo 11, 2016 (1:19 am)

    Muy interesante:
    “Desalineación mental, lucidez estratégica, rapidez de adaptación, reacción e iniciativa, capacidad sorpresiva, articulación operacional de nuestra virtualidad asociativa, reactivación de nuestros propios órganos de gobierno y actuar como una nación independiente.”
    Ver articulo “Auzolan, Batzarre, Comunal”, de Auzolan ekimena, en la web Revolución Integral

Dejanos tu opinión

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies