El origen nabarro del Romance Castellano

LEHOINABARRA

Aitzol Altuna Enzuna

El romance castellano nació dentro del perímetro Bilbao-Santander-río Ebro, en las comarcas de Castilla Vetula o Vieja, valle de Mena, Trasmiera, La Bureba, La Riojilla, Oeste de La Rioja y las Enkartaciones bizkaínas en su sentido más amplio, pero cuando todas estas comarcas estaban dentro del reino de Nabarra.
Gran parte de este territorio quedó muy despoblado durante los ataques de los musulmanes entre los siglos VIII-IX, salvo núcleos aislados en las montañas de “foramontanos”. El historiador español Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984) hablaba de un despoblamiento total de la comarca al Oeste de Alaba y Ramón Menéndez Pidal (1868-1969) aceptaba la subsistencia de pequeñas poblaciones en precario. Los textos árabes hablan de que las tierras que darán lugar a la Castilla primigenia fueron asoladas por una tremenda y prolongada sequía, lo cual obligó tanto a los cristianos como a los musulmanes a replegarse hacia zonas más propicias.
A finales del siglo VIII comienzos del siglo IX, empezó una rápida repoblación del territorio por presura u ocupación de la comarca y roturación donde se enfrentaron asturianos y baskones –al modo de la conquista del Oeste americano-. Los baskones eran sobre todo alabeses y en menor medida bizkaínos, por ser ésta última una tenencia mucho menos importante y de menos población en esos siglos que Alaba. Bizkaia además comenzaba en la Alta Edad Media al Este del río Nerbión, sin la comarca de las Enkartaciones.
En estas comarcas mencionadas hay signos más que evidentes de repoblación por baskones como los nombres euskaldunes de: Escaño (Villarcayo), Mena, Amaya (Burgos, nacedero del Ebro), Salazar (“Sel viejo”, Villarcayo), Urrez (Burgos, cerca de Atapuerca), Mencilla (Burgos, cerca de Atapuerca), Urquiz (abedul), Baskones de Zamanzas (nacedero del río Ebro), Bascuñana (cerca de Belorado), Basconcillo del Tozo (Castilla Vieja y cerca del nacedero del río Ebro), Bascones (Burgos, entre Covarrubias y Lerma), Bascónes de Ojeda (nacedero del río Ebro), Baskones de Agua, Bascuñuelos (valle de Tobalina, Castilla Vieja), Villabáscones de Sotoscueva (cerca de Espinosa de los Monteros), Villavascones de Bezana (nacedero del río Ebro), Arantiones (nacedero del Ebro), Munilla (nacedero del Ebro), Bezana (Burgos, nacedero del Ebro y en Cantabria al Oeste de Santander), Matasutxa, Aizola, Garrula (cerca de Belorado), Besgas, Bela, Barciña, Ameyugo (al Oeste de Miranda de Ebro, Burgos), Arraya de Oca, Bizkar (Montes de Oca, al Oeste de Miranda de Ebro), Metolabarrena (Burgos), Oña (al pie), Orbaneja del Castillo (Burgos) etc.
Por tanto el territorio fue repoblado sobre todo por baskones (aunque no sólo), que configuraban el ducado de Baskonia y después el reino de Pamplona-Nabarra. En este territorio es en el que entre los siglos IX-X nace un nuevo romance con la indudable influencia del euskera que también se hablaba en el territorio, quizás con mucha gente bilingüe euskera-romance, como en tantas zonas fronterizas.
El itinerario más ajustado al verdadero germen del castellano empezaría por la costa en Santoña (Trasmiera), una de las poblaciones más antiguas de la costa cantábrica y que desde 1982 pertenece a la Comunidad Autónoma de Cantabria. Santoña fue fundada junto a su iglesia parroquial al pie del monte Buceiro por el rey nabarro Garçea o García IV el de Nájera (1012-54) en la primera mitad del siglo XI, hijo primogénito de Sancho III el Mayor (990-1035). Tomó el nombre de Santa María del Mar y estaba en el “peñate de Sancta Onia” según la documentación de la época (Santa al pie –oña- del paso –ate- de la peña), dependiendo del obispo de Santa María la Real de Nájera, entonces capital del reino baskón. El “Privilegio Viejo de Santoña” sin embargo esta datado del año 1074, cuando reinaba en Nabarra Sancho el de Peñalver, y nos dice que el Puerto de Santoña era de abadengo o dependiente del abad que sería el señor de la zona. Por el Cartulario del monasterio del año 1068, sabemos que su territorio incluye hasta la vecina San Martín de Laredo.
El monasterio de Santoña pasó a ser propiedad del monasterio de Oña, frontera del reino de Nabarra. Trasmiera siguió en Nabarra incluso tras la ocupación de la Bureba tras el regicidio de Atapuerca de 1054, donde murió el rey najerense Garçea IV a manos del rey de León y conde de Castilla, su hermano Fernando I el Grande, el segundo hijo legítimo de Sancho III que accedió al condado como herencia de su madre y en vida de su padre (1029).
Trasmiera fue invadida poco después por Castilla en el año 1076 tras el regicidio de Sancho el de Peñalver, pero recuperada junto a la Bureba, Castilla Vieja, valle de Mena, La Rioja, La Riojilla, Soria y San Estaban de Gormaz por Alfonso I el Batallador de Nabarra, desde antes del Pacto de Tamara del año 1127 que marca la frontera máxima del reino baskón impuesta por Sancho III el Mayor. La comarca baskona será de nuevo y definitivamente invadida por Castilla probablemente en los ataques de 1173. Pese a todo, Trasmiera y el Puerto de Santoña siguieron dependiendo del obispado de Nájera hasta el siglo XVII, dedicados al comercio y a la pesca de la ballena como el resto del Golfo de Bizkaia o Gascuña.
En su libro “Sancho III el Mayor” José Luis Orella Unzué dice: “(…) al Este con el reino de Pamplona ciertas tierras de Castilla la Vieja, precisamente aquellas en las que se hablaba euskera y que tanto Doña Mayor como condesa originaria a la muerte del infante García (su hermano) como su esposo Sancho el Mayor (1005-35) las asignaron al hermano mayor de Fernando, a García Sánchez (Garçea el de Nájera), el primogénito, al entregarle el reino de Pamplona como tierras de abolengo (…). Estas tierras del noroeste de Castilla eran en la cultura anterior a la romanizada como igualmente lo testifica la arqueología tierras autrigonas por tanto en estrecha relación con el ámbito de la lengua vasca. Además estas tierras gozaban en su derecho privado unas instituciones típicas del sistema jurídico pirenaico, lo mismo que todas las tierras que estaban a su costado oriental”.
Por tanto son poblaciones autrigonas euskaras como vimos en el libro “Desmontando la hipótesis de la baskonización tardía” (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/06/desmontando-la-hipotesis-de-la_13.html). Por ejemplo, Espinosa de los Monteros en Castilla Vieja surge según la web del propio ayuntamiento de la siguiente forma: “Velliga, como muchas otras poblaciones fue tomada y destruida pasando a ser de dominación romana. Durante su estancia, los romanos construyeron sobre las ruinas de Velliga una fortaleza bien amurallada, a la que denominaron Barrutha o Barrustha”. Por tanto su nombre autrigón original era Barrutha o Barrund(i)a (lugar todo cercado), claramente euskaldún y muy frecuente.
La imaginaria ruta del idioma castellano proseguiría hasta Frías, capital medieval de la Castilla del norte (La Bureba), y desde allí un ramal iría hasta Herrán y Valpuesta, la cual sería el principal cenobio y sede del arzobispo que abarcaba desde el río Asón en Laredo o el río Cudeyo en la vecina Trasmiera, Ruesga y Soba, hasta la ría de Bilbao (http://lehoinabarra.blogspot.com.es/2016/06/el-origen-del-castellano-en-valpuesta-y.html). La ruta alternativa seguiría por Oña hacia Burgos (Oña es topónimo en Euskara, “al pie”, normalmente de un gran peñasco o monte, nombre similar al de Santoña), donde fue enterrado precisamente el conocido por los musulmanes como “el rey de los vascos” y de la “nación vasca”, que no era otro que el mencionado rey nabarro Sancho III el Mayor, y que era la frontera de su reino, euskaldún por lengua, junto a su coetáneo el santo Iñigo o Eneko.
Sólo parte del clero, unos pocos escribanos y una pequeña parte de la clase noble sabía escribir en la Alta Edad Media y lo hacían en latín y en los romances nabarros después (a partir del siglo X), gracias a su parecido con el primero. En el siglo VI Benito de Nurgia (población a 140 kilómetros al norte de Roma) instauró en los monasterios la obediencia, pobreza y castidad, además del trabajo para el auto mantenimiento de la comunidad religiosa y la enseñanza, lo cual supuso que más del 90% de los pocos que aprendieron a escribir hasta el siglo XII lo hicieran en los monasterios.
El latín era el idioma que fue el empleado en toda Europa para toda escritura durante siglos, como idioma de cultura-ciencia hasta al menos el siglo XVII y como idioma litúrgico único de la Iglesia católica hasta el Concilio Vaticano II (1959-65). Pero la gente lo hablaba de forma más natural según las comarcas, lo que evolucionando llegó a convertirse en lo que se conoce como idiomas romances. El idioma romance de la región conocida “Castilla” se mezcló con el euskera para formar el romance castellano, como era lógico, pues casi todos los habitantes del reino de Nabarra en el siglo IX al XI hablaban euskera (la ribera baskona estaba en manos del califato cordobés).
De las tierras castellanas, el Este políticamente estaba dentro de la Castilla leonesa y el Oeste dentro de la Castilla nabarra y euskaldun. Como recoge un documento de la época sobre Sancho Garçea IV el de Nájera: “Reinando en Pamplona, en Álava, en Castilla Vieja hasta Burgos (Atapuerca) y Bricia; su hermano Fernando reinando en Burgos y León”. Atapuerca aparece para marcar la frontera como también la población de Bricia, la cual pertenece actualmente al partido judicial de Villarcayo en la frontera con Cantabria y cerca del Embalse del Ebro-Arija en su nacedero.
San Millán de la Cogolla –La Rioja- es el monasterio más relevante de la península en los siglos X-XI, donde aparecieron unos textos en romance nabarro y dos frases en euskera, las primeras pasaron durante mucho tiempo por ser las primeras en castellano cuando no lo eran. El Director General de Cultura de La Rioja, Javier García Turza comentaba en noviembre del 2010 al Diario La Rioja: «Tenemos todos los medios para decir que en San Millán había una producción literaria, lingüística y lexicográfica, de edición de diccionarios, muy, muy, muy superior a la del resto de monasterios (…). El origen del romance es coetáneo en toda Europa. En Francia, en Italia… los primeros escritos vienen a aparecer a lo largo de la segunda mitad del siglo X».
Emiliano de Berceo vivió 101 años (473-574). A los 20 años fue en busca de sabiduría a los riscos de Bilibio (Haro, La Rioja), a aprender del anacoreta famoso en la zona llamado Felices. Emiliano siguió el ejemplo del ermitaño y vivió durante muchos años aislado de la gente, atribuyéndosele efectividad milagrera en su lucha contra los infieles (se le pinta junto a Santiago matando moros con espada en mano en la batalla de Simancas), se edificó en su honor el monasterio de Suso o “el de arriba” entre los siglos VI al XI (donde están enterradas tres reinas nabarras y el infante castellano de Lara). Desde Cantabria se apunta que el santo riojano habría pasado sus últimos 30 años de vida en Valderredible (cercano a las Merindades castellanas o Castilla Vieja).
Estas glosas fueron escritas en San Millán de la Cogolla sobre el año 942 en La Rioja, cuyo monasterio original de Yuso fue fundado por el rey nabarro Sancho I Garcés, 905-925 (“Donemiliaga Kukulakoa” en euskera, cuculla era la capa que usaban varias órdenes religiosas que cubrían a la vez cuerpo y cabeza), cuando se conservaba el euskera en el territorio y pertenecía a la corona de Nabarra y no al condado leonés de Castilla, consagrándose el tempo en el año 954 por García Sánchez I, primer monarca nabarro instalado en Nájera e hijo de Sancho I Garcés. Llegó Berceo a ser incluso patrono de Nabarra. Después se construyó un poco más abajo el actual monasterio de Yuso por orden de Sancho III el Mayor de Nabarra, tras la destrucción del anterior por Almanzor en el 1002, Sancho III introdujo la norma benedictina en el monasterio; monasterio de cuya primera edificación sobre el siglo X-XI no quedan casi restos.
Las primeras frases en euskera eran “güec ajutu ez dugu” y “izioqui dugu” (“nosotros no hemos ayudado” y “hemos merecido” o quizás “hemos encendido”, no está claro), X siglos después de las primeras palabras escritas en euskera de las estelas de época romana.
“(…) Si uero, quod Deus non patiatur [non quieti] et mala opera exercimus [nos sificieremus] et plus pro carnis luxuria quam pro salute anime laboramus, timeo ne quando boni christiani cum angelis acceperint uitam eternam nos, quod absit, precipitemur [guec ajutuezdugu]* [nos non kaigamus] jngeenna (…)”
“El monasterio de San Millán de la Cogolla en el que hacia el año 950 en un manuscrito latino de su escritorio un amanuense incorporó unas anotaciones de las hablas vernáculas de la región, la lengua navarra romance y el euskera”. Es decir, son glosas en romance nabarro y no en castellano (“Sancho III el Mayor” José Luis Orella Unzué, edición “Reyes de Navarra”).
Fray Justo Pérez de Urbel también comentaba que en el Monasterio de Silos -donde vivió muchos años-, otros documentos tienen también trazas de idioma romance. Silos está en el municipio de Santo Domingo de Silos –Sierra de la Demanda-, al sur de Burgos capital, partido judicial de Sala de Los Infantes, fuera de Castilla Vieja, la Bureba y La Riojilla, pero cercano a esta última. Pérez Urbel: “El pequeño río de Silos lleva en los documentos del siglo X el nombre indudablemente eusquérico de Ura (agua), y así seguirá llamándose hasta el siglo XVIII”. Menéndez Pidal (A Coruña 1869-Madrid 1968) sobre las glosas silenses comentaba: “son riojanas o navarras, lo mismo que las glosas emilianeneses (…) tienen otros rasgos suyos que también son navarros”. Silos fue fundado por el conde de Castilla Fernán González (930-970) sobre una ermita anterior, destruido por el caudillo cordobés Almanzor el monasterio sobre al año 1000, fue reformado completamente por el mencionado Fernando I el Grande de Castilla y León (1029-1065). Es decir, la marca euskérica llegaba hasta Silos.
CONCLUSIÓN: En los siglos IX-XI cuando se escriben los cartularios de la diócesis de Valpuesta, origen del castellano, Castilla como tal no era sino el nombre de una región de condados y territorios pertenecientes al reino asturleonés: el condado de Burgos, el de Lara, el de Cerezo o el Monzón entre otros, unidos momentáneamente entre el 930-970 por Fernán González, pero donde no estaban incluidos los territorios del reino de Pamplona-Nabarra, euskaldunes o vascoparlantes, los mencionados de Castilla Vetula o Vieja, valle de Mena, Trasmiera, La Bureba, La Riojilla, Oeste de La Rioja y las Enkartaciones.

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